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Adviento
Cuarto domingo de Adviento
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Día
23 IV Domingo de Adviento
fluvium
Evangelio: Mt 1, 18-24 La generación de
Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada
con José, y antes de que conviviesen se encontró con que
había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo,
como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó
repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un
ángel del Señor se le apareció en sueños
y le dijo:
—José,
hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo
que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará
a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él
salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedió
para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta:
"Mirad, la virgen
concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán
por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros".
Al despertarse, José
hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado,
y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella
a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.
Al modo de Dios:
A
cualquiera nos resulta evidente que el mundo que contemplamos y su
concreta configuración no se debe a nosotros mismos. Es algo
que reconocemos, que captamos con más o menos profundidad,
intentando tener un conocimiento lo más exacto posible de esta
realidad, así como de las normas o leyes que rigen el comportamiento
y destino de cada uno de los seres que componen nuestro mundo. El
hombre no es creador, sino, en todo caso, descubridor de una realidad
anterior a él mismo, en la que está incluído,
con las excelentes características que lo determinan como persona:
pero es uno más de los seres existentes en el mundo.
Constituído
sobre el resto de la Creación, el hombre no se ha otorgado
a sí mismo esta superioridad, pues ninguno nos hemos conformado
en personas, ni decidido, por tanto, nuestro modo de ser. Más
bien, nos corresponde descubrir y aceptar nuestra propia verdad, como
condición previa para todo comportamiento personal ulterior,
pues, sólo a partir del conocimiento propio cabe pensar en
una acción verdaderamente libre y humana. De hecho, nada más
llamamos humana, a aquella conducta que es libre: decidida por cada
uno, en la que el sujeto no se siente forzado a actuar, y de la que
conoce sus diversas posibilidades de acción y las consecuencias.
Como
conclusión del relato evangélico que hoy consideramos,
dice el evangelista que al despertarse José
hizo como el ángel del Señor le había mandado,
y recibió a su esposa. José actúa libremente,
aunque no llevara él la iniciativa, queriendo secundar en todo
la voluntad que Dios, a través del ángel, le mostraba
como divina. Tenemos en él un ejemplo permanente de fidelidad
a la vocación, pues, cada vez que aparece en los escritos evangélicos,
lo vemos colaborando con la misión del Verbo encarnado –que
se le confió como hijo–, en ocasiones recibiendo indicaciones
de parte de Dios que le concretan de modo explícito lo que
espera de él.
En
esto está la grandeza de José. Humanamente no es un
personaje famoso de su tiempo, ni aparece para sus parientes y conocidos
como autor de grandes hazañas; sin embargo, sólo con
su vida –ordinaria casi siempre–, porque en todo momento
respondió a las llamadas divinas, ha merecido un puesto de
privilegio en la Gloria del Cielo, y ser recordado con admiración
por todos los cristianos.
En
este tiempo nuestro, cuando para muchos parece decisivo triunfar ante
la gente, y que en eso estaría el valor personal; el Esposo
de María nos enseña verdadera eficacia y sencillez:
José cumple lo que Dios esperaba de él sin pensar en
el propio lucimiento ni en satisfacciones personales. Actúa
tan sólo a impulsos del querer divino, de modo que le basta
conocer lo que el Señor espera de él para procurar ponerlo
por obra, empleando para ello lo mejor de sus cualidades. Fe, esperanza
y caridad eran hábitos corrientes en su conducta. Es más,
por la docilidad con que reacciona a los estímulos sobrenaturales,
manifiesta cuánto le movía ya en la tierra el amor de
Dios. Un amor plasmado en obras de fidelidad: obediente enseguida
a la indicación del ángel de recibir a María
como esposa, en contra de lo que él ya había decidido;
o, como veremos, poco tiempo después, saliendo enseguida, en
plena noche hacia un país extraño, porque fiado del
aviso recibido, también en sueños, descansa en la esperanza
de encontrar en Egipto el mejor lugar para establecer su familia,
por increíble que pudiera parecer, con las razonables dificultades
del viaje y las demás incomodidades, lógicas en una
tierra desconocida.
Las
páginas del Evangelio, como ésta que hoy consideramos,
pueden movernos al examen: ¿me intrresa en realidad descubrir
lo que agradará más al Señor en mi modo de actuar?;
¿hasta qué punto y con qué diligencia sigo lo
que me pide, lo que reconozco que es su voluntad para mí? Porque,
viviendo de modo consciente en la presencia de Dios, nuestra vida
ha de ser de fe, esperanza y amor. Pidamos por ello a Dios, Nuestro
Padre, de quien procede todo bien y que nos quiere santos, que aumente
en cada uno las virtudes teologales, para tener así realismo
sobrenatural; y que, firmemente apoyados en la materia de este mundo,
podamos vivir vida de hijos de Dios. La mente de cada uno, atenta
al destino para el que nos quiere el Creador, gobernará la
conducta nuestra haciéndonos estar plenamente en las cosas
de este mundo, pero sin reducirnos a lo mundano. Comprobaremos así
que hasta lo más terreno, si forma parte de la vida de los
hombres, puede y debe ser sobrenatural, capaz de manifestar amor a
Dios, que eso espera de sus hijos en cada instante.
La
nuestra será, como la de María, una vida de fe, esperanza
y amor. Será, como la suya, aunque el dolor acompañe,
una vida colmada de rico sentido e inmensamente feliz, en la presencia
de nuestro Padre del Cielo.
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Por foro aragón liberal - 23 de Diciembre, 2007, 16:38, Categoría: Adviento
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Recursos par vivir el Adviento en ACIPRENSA
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Adviento 2007: Desde el 2 de Diciembre hasta el 24 de Diciembre
Información General
Símbolos del Adviento
Recursos para la Catequesis
Material para reflexionar
Teología y Liturgia del Adviento
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Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 18:06, Categoría: Adviento
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El origen del Adviento.
¿Cómo y cuándo empieza a vivirse el
Adviento? fluvium.org |
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Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo
año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del
misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.
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El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el
término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros
siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en
la lengua latina clásica.
La traducción
latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el
término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de
advenimiento en la carne -encarnación- y advenimiento glorioso -parusía-.
La tensión entre
uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo
litúrgico del Adviento, si bien el sentido de "venida" cambió a "momento de
preparación para la venida".
Quizá la misma
amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización
de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De
hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a
formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).
Parece ser que
desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y
Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de
Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de
consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.
Dejando de lado un
texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la
puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de
Zaragoza del año 380: Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de
enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia,
sino que debe acudir a ella cotidianamente (H. Bruns, Canones Apostolorum et
Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días
que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe,
pues, de una forma imprecisa.
Un tiempo de penitencia
Más tarde, los
concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya
concretamente, de unas observancias existentes "desde antiguo" para antes de
Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours
(fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple
referencia. Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes deben
ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días.
El canon 9 del
Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los
fieles, que ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes,
desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino
como se hace en Cuaresma (Mansi, IX, 796 y 933). Aunque la interpretación
histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el
tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con
una participación más asidua al culto.
Sin embargo, las
primeras noticias a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento,
se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.
Según parece, este
Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante
el pontificado de Gregorio Magno (590-604)- se redujo a las cuatro
actuales.
Una doble espera
El significado
teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones.
Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro
Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración
litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde -a partir de la
consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se
desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.
No faltan, sin
embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un
tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará
definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser
tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas
escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.
El Calendario
Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye
al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa: el tiempo de Adviento tiene una
doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en
las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la
vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la
expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos
razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y
alegre (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el
calendario, 39).
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Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 17:56, Categoría: Adviento
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Tercer Domingo de Adviento. Meditación.
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Día 16 III
DOMINGO DE ADVIENTO |
Evangelio: Mt 11, 2-11 Entretanto Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las
obras de Cristo, envió a preguntarle por mediación de sus
discípulos: —¿Eres tú
el que va a venir, o esperamos a otro? Y Jesús les
respondió: —Id y anunciadle a Juan lo que estáis viendo y oyendo:
los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen,
los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y
bienaventurado el que no se escandalice de mí. Cuando ellos se
fueron, Jesús se puso a hablar de Juan a la multitud: —¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Entonces, ¿qué
salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con finos ropajes? Daos cuenta de que los
que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales. Entonces, ¿qué
salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. Éste es
de quien está escrito: Mira que yo envío a mi mensajero delante de
ti, para que vaya preparándote el camino. »En verdad os
digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el
Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que
él. |
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La
exigencia en la santidad |
En el pasaje de san Mateo que hoy nos presenta la Liturgia de la Iglesia
contemplamos un interesante momento de la vida del Señor en relación con Juan el
Bautista. Por una parte, con su respuesta a los discípulos de Juan, les
confirma, por las obras que de Él contemplaban, que ya no debían esperar a otro:
se cumplía en su Persona lo anunciado por los profetas cuando se referían al
Mesías prometido por Dios. Advierte Jesús, por otra parte, que el talante y la
conducta del Precursor, por su heroísmo, lealtad y fortaleza, debían ser un
ejemplo estimulante para siempre.
Una prueba de la mesianidad de Jesús de Nazaret
consiste, en efecto, en el cumplimiento inequívoco en su persona de las
profecías que, durante siglos, habían anunciado la llegada de un libertador
enviado por Dios a los hombres. Aparte de las diversas circunstancias de lugar y
de tiempo en que vendría el Mesías y que se cumplen en Jesús, se cumplen también
en Él otros fenómenos –los milagros–, que siendo hechos sobrenaturales, por
cuanto los simples hombres no tenemos capacidad para ellos, prueban el carácter
asimismo sobrenatural de su Autor. La doctrina que se nos propone a los
cristianos, al ser del mismo Jesús de Nazaret, es mucho más que una enseñanza
válida que conformó la vida de los hombres en unas determinadas circunstancias
de hace dos mil años. Las suyas son palabras definitivas para los hombres de
todos los tiempos –el Cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán, nos dijo–, su doctrina debe reflejarse siempre en la
vida de los hombres, cualesquiera que sean nuestras circunstancias
Pero el poder del Señor, demostrado con sus obras, es
una garantía de la solidez de su doctrina y confirma la autoridad de sus
palabras; que, junto al amor que nos demuestra con su entrega hasta la muerte,
estimula la respuesta humana en su seguimiento. Aunque, si es cierto que nos
anima a la confianza, nos propone también una vida exigente, como la de Juan
Bautista. Una vida, que debe ser también hoy completamente opuesta a la blandura
imperante y a lo simplemente fácil o agradable. Quienes hayan puesto su ideal en
el confort no deben buscarlo en el cristianismo: el Hijo del
hombre no tiene donde reclinar la cabeza, dirá, refiriéndose a su caminar
por este mundo y a la vida que promete a sus apóstoles.
De diversos modos y con frecuencia, a lo largo de su
vida pública, insistirá Nuestro Señor en la necesidad de la virtud de la
fortaleza. Por ejemplo, enseñando a la gente: que el Reino
de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan; que,
si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que
pierda su vida por mí, la encontrará. Son palabras que el mismo Dios nos
dirige, sin dejar de amarnos como Padre cariñoso, aunque sean palabras exigentes
con las que previene la tendencia nuestra a la flojera y al egoísmo. Son, por
eso, ocasión de que aseguremos nuestra conducta, leal a la enseñanza del Señor,
con algunos propósitos que trataremos de cumplir con la ayuda que Él mismo nos
ofrece.
No está de moda la virtud de la fortaleza. Lo ideal y
deseable para muchos es que lo bueno cueste poco, aunque sea sólo relativamente
bueno, aunque no sea tan bueno como podría ser con más esfuerzo. Pero necesita
el mundo de hoy cristianos que quieran amar sin medida, sin calcular el gasto,
la fatiga o el dolor que les supondrá ser leales a Dios hasta el heroísmo. Sin
medida, con tal de aportar a los demás, incluso a costa de sí, el estímulo y el
ejemplo necesarios para seguir esperanzados el ideal de Jesucristo. Como sigue a
Cristo el Romano Pontífice: leal al Evangelio y, por eso, no pocas veces,
enfrentado a los poderosos de este mundo. También nosotros podemos y debemos
manifestar la misma lealtad, rogando a Dios con mucha frecuencia que proteja al
Papa y lo fortalezca en su servicio a Dios y a los hombres. Nos dispondremos,
así, a imitarle en esas contiendas cotidianas contra la comodidad, la
sensualidad, el amor propio..., que necesariamente tendremos que librar para ser
también leales a Jesucristo.
Santa María –Madre nuestra, auxilio de los cristianos,
Esposa del Espíritu Santo, Madre de Dios– nos protege con su intercesión
poderosa. No podemos prescindir de Ella en esta batalla que debemos mantener
contra nuestra debilidad y frente a los que se oponen al reinado de Dios en el
mundo. Como Virgen fiel, nos enseña que la fortaleza que vence al mundo está en
la humildad de reconocer el señorío divino sobre toda criatura. El mismo
reconocimiento que a Ella la conduce al gozo inapreciable de sentirse
especialmente querida por Dios a pesar de su pequeñez.
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Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 17:54, Categoría: Adviento
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Adviento: Obispo invita a mexicanos a dirigir mirada a Cristo para caminar con esperanza
Adviento: Obispo invita a mexicanos a dirigir mirada a Cristo para caminar con esperanza
MÉXICO D.F., 12 Dic. 07 (ACI).-El Obispo de Querétaro, Mons. Mario De Gasperín Gasperín, invitó a los feligreses a aprovechar este tiempo de Adviento
para "dirigir la mirada a Cristo, el Hijo de Dios enviado para rescatar
al hombre, y así poder caminar en el mundo con esperanza".
"La Santa Iglesia nos ofrece, en este tiempo de Adviento y de Navidad,
un espacio propicio para 'aguzar la vista' interior, para limpiar" las
impurezas "del alma y despertar del marasmo que suele envolver nuestra
vida cotidiana, llena de preocupaciones y fatigas. ¡Agucemos la vista
interior y caminemos con esperanza!", expresó el Prelado en su carta de
Adviento.
Mons. De Gasperín recordó a los feligreses que la causa de la alegría
de este tiempo es "la llegada del Salvador", gracias a la cual
"nosotros, los pobres seres humanos, no estamos en el desamparo". Señaló asimismo que gracias a la redención, nuestra vida ahora está en las manos de Jesús.
"En Jesús conocemos el rostro del Dios verdadero y, conocer al Dios
verdadero, significa vernos libres de la esclavitud de los ídolos:
recobrar la dignidad humana y la libertad de hijos de Dios. Sin Dios
perdemos la dignidad y la libertad. Quien busca separarnos de Dios nos
quiere hacer sus esclavos", señaló.
Además, parafraseando al Papa Benedicto XVI, el Obispo de Querétaro
afirmó que los hombres tenemos futuro. "El presente, aunque sea un
presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si
podemos estar seguros de esa meta y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino", afirmó.
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Por foro aragón liberal - 13 de Diciembre, 2007, 17:39, Categoría: Adviento
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Ideas para vivir el Adviento
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Adviento 2007: Desde el 2 de Diciembre hasta el 24 de Diciembre.
Aciprensa
Ideas para vivir el Adviento
Autor: Teresa Fernández
Durante el tiempo de Adviento se puede escoger alguna de las opciones que presentamos a continuación para vivir cada día del Adviento y llegar a la Navidad con un corazón lleno de amor al niño Dios.
1. Pesebre y pajas:
En esta actividad se va a preparar un pesebre para el Niño Dios el día de su nacimiento. El pesebre se elaborará de paja para que al nacer el niño Dios no tenga frío y la paja le dé el calor que necesita. Con las obras buenas de cada uno de los niños, se va a ir preparando el pesebre. Por cada buena obra que hagan los niños, se pone una pajita en el pesebre hasta el día del nacimiento de Cristo.
2. Vitral del Nacimiento:
En algún dibujo en el que se represente el Nacimiento los niños podrán colorear algunas parte de éste cada vez que lleven a cabo una obra buena para irlo completando para la Navidad.
3. Calendario Tradicional de Adviento:
En esta actividad se trata de que los niños hagan ellos mismos un calendario de Adviento en donde marquen los días del Adviento y escriban sus propios propósitos a cumplir. Pueden dibujar en la cartulina el día de Navidad con la escena del nacimiento de Jesús. Los niños diario revisarán los propósitos para ir preparando su corazón a la Navidad. Este calendario lo podrán llevar a la Iglesia el día de Navidad si así lo desean.
Se sugieren los siguientes propósitos:
-
Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.
-
Rezaré en familia por la paz del mundo.
-
Ofreceré mi día por los niños que no tienen papás ni una casa donde vivir.
-
Obedeceré a mis papás y maestros con alegría.
-
Compartiré mi almuerzo con una sonrisa a quien le haga falta.
-
Hoy cumpliré con toda mi tarea sin quejarme.
-
Ayudaré a mis hermanos en algo que necesiten.
-
Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes.
-
-
Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.
-
Llevaré a cabo un sacrificio.
-
Leeré algún pasaje del Evangelio.
-
Ofreceré una comunión espiritual a Jesús por los que no lo aman.
-
Daré un juguete o una ropa a un niño que no lo tenga.
-
-
En lugar de ver la televisión ayudaré a mi mamá en lo que necesite.
-
Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.
-
Pediré por los que tienen hambre y no comeré dulces.
-
Rezaré un Ave María para demostrarle a la Virgen cuanto la amo.
-
Hoy no pelearé con mis hermanos.
-
Saludaré con cariño a toda persona que me encuentre.
-
Hoy pediré a la Santísima virgen por mi país.
-
Leeré el nacimiento de Jesús en el Evangelio de S. Lucas 2, 1-20.
-
Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.
4. Los que esperaban a Cristo:
En esta actividad se trata de lograr hacer una lista con 24 ó 28 nombres (dependiendo del número de días del Adviento) de personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que esperaban la venida del Mesías. Se buscarán en la Biblia, se dibujarán los personajes y se recortarán. Atrás, se les pondrá el nombre de quién es y qué dijo o hizo este personaje. Se puede utilizar como juego.
Algunos personajes que se pueden incluir:
-
Abraham: Dios le dijo a Abraham que su descendencia iba a ser numerosa como las estrella del cielo y lasa arenas del mar, y sí fue.
-
David: Dios le dijo al rey David que el Mesías iba a ser de su familia.
-
Isaías: Dios le dijo al profeta Isaías que el Mesías iba a nacer de la Virgen.
-
Jeremías: Dios le dijo al profeta Jeremías que cuando naciera el Mesías, Él iba a dar a los hombres un corazón nuevo para conocerlo y amarlo mucho.
-
Ezequiel: Dios le dijo al profeta Ezequiel que el Mesías iba a resucitar.
-
Miqueas: Dios le dijo al profeta Miqueas en Belén iba a nacer su Hijo.
-
Oseas: Dios le dijo al profeta Oseas que de Egipto iba a llamar a su Hijo.
-
Zacarías: Dios le dijo al profeta Zacarías que su hijo iba a entrar en Jerusalén montado en burro.
-
Hombres Sabios o Reyes Magos: esperaban la venida del Salvador de los hombres.
-
Los pastores: Fueron avisados por un ángel del gran acontecimiento. |
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Por foro aragón liberal - 10 de Diciembre, 2007, 19:39, Categoría: Adviento
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Segundo domingo de Adviento en Roma
Segundo domingo de Adviento en Roma. Ante la Navidad, el Papa llama a la conversión y pide rechazar "mentalidad materialista" VATICANO, 09 Dic. 07 ( ACI).-Antes de rezar el Ángelus este mediodía, el Papa Benedicto XVI resaltó el llamado a la conversión que continúa haciendo Juan Bautista a los "hombres y mujeres de nuestro tiempo, en los cuales el modo de vivir y percibir la Navidad suele lamentablemente padecer de una mentalidad materialista". Ante miles de feligreses que se hicieron presentes en la Plaza de San Pedro este mediodía para la oración mariana, el Santo Padre reflexionó en la lectura del Evangelio de la Misa de este segundo Domingo de Adviento señalando que este llamado es una invitación a " abrir el corazón y a acoger al Hijo de Dios que viene en medio de nosotros para manifestar la justicia divina". "El Padre –escribe el evangelista Juan– no enjuicia a nadie, pero ha dado al Hijo el poder de enjuiciar, porque es Hijo del hombre. Y es hoy, en el presente, que se juega nuestro destino futuro; es con el comportamiento concreto que tengamos en esta vida que decidimos nuestra suerte eterna", dijo el Pontífice. Al respecto indicó que "al final de nuestros días sobre la tierra, al momento de la muerte, seremos valorados según nuestra semejanza o no con el Niño que está por nacer en la pobre gruta de Belén, porque Él es el criterio de medida que Dios ha dado a la humanidad". Más adelante, el Papa explicó que "el Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo Unigénito ha manifestado su amor misericordioso, nos llama a seguir sus huellas haciendo, como Él, de nuestras existencia un don de amor. Y los frutos del amor son aquellos 'dignos frutos de conversión' a los que se refiere san Juan Bautista". Al finalizar su alocución antes del Ángelus, el Papa señaló que "mediante el Evangelio, Juan Bautista continúa hablando a través de los siglos, a cada generación". "Sus claras y duras palabras – constató– resultan cuánto más saludables para nosotros, hombres y mujeres de nuestro tiempo, en los cuales el modo de vivir y percibir la Navidad suele lamentablemente padecer de una mentalidad materialista. La 'voz' del gran profeta que llama a preparar el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. "La 'voz' del gran profeta que llama a preparar el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo", señaló Benedicto XVI antes de pedirle a la Virgen María que nos guíe en el camino de una "auténtica conversión del corazón" para comprender la "necesidad de sintonizar nuestra mentalidad con el Evangelio". |
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Por foro aragón liberal - 10 de Diciembre, 2007, 19:37, Categoría: Adviento
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Palabras del Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría, sobre el Adviento.
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Carta
de Monseñor Javier Echevarría a los fieles del
Opus Dei
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Dios
viene a salvarnos. Con esta esperanza, Mons. Javier Echevarría
sugiere preparar nuestros corazones en el Adviento para que
Jesús encuentre en ellos su morada.
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Fragmento de la carta que habla de la preparación de la Navidad en el Adviento:
"El tiempo de Adviento,
que también acabamos de comenzar, ha de constituir un estímulo
para recorrer —de la mano de la Virgen y con San José—
las semanas que faltan para la Navidad. Todos los años, al cumplirse
estas fechas, nos encontramos con invitaciones de la liturgia que resuenan
urgentemente en el alma; con más insistencia, cuanto más
nos acercamos al 25 de diciembre. Estas fechas se presentan muy adecuadas
para meditar las palabras con las que, desde los albores de la historia,
Dios ha tratado de infundir ánimos en los corazones.
Ya en los primeros
capítulos del Génesis, inmediatamente después de
narrar el pecado original, la Sagrada Escritura nos llena de esperanza.
Dirigiéndose al tentador que, bajo figura de serpiente, ha seducido
a nuestros primeros padres, el Señor afirma: pondré enemistad
entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá
en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón
(Gn 3, 15). Es la promesa de la Redención que realizó
Jesucristo, linaje de la mujer. Y también vemos ahí, como
entre sombras, la figura de una Mujer maravillosa —Madre del Redentor—,
sobre quien la serpiente infernal no tendrá ningún dominio.
María, estrechamente asociada a su Hijo, alcanzará con
Él la plena victoria sobre el enemigo de las almas. En atención
a los méritos de Cristo, quedará preservada del pecado
original —con el que todos nacemos— desde el primer instante
de su concepción. Caminará siempre inmaculada, totalmente
santa en cuerpo y en alma: la Toda Santa, como la llaman los cristianos
de Oriente.
A partir de ese
primer vaticinio, las voces de los antiguos profetas vuelven a escucharse
con todo su vigor durante la liturgia del tiempo de Adviento, formando
una sinfonía espléndida. Pensemos que, sobre todo en la
última semana —ante la inminencia del Nacimiento de Jesús—,
la Iglesia no sabe contener su entusiasmo y prorrumpe en exclamaciones
llenas de maravilla: Oh Sabiduría del Altísimo, ¡ven
a enseñarnos el camino de la vida!, reza la liturgia el 17 de
diciembre, en la primera de las grandes ferias que desembocan en la
Navidad. Oh raíz de Jesé, ¡ven a librarnos y no
tardes! Y más adelante, con insistencia: Oh llave de David, ¡ven
a liberar a los que yacen oprimidos por las tinieblas del mal! ¡Ven
a salvar al hombre, que modelaste del barro de la tierra! (cfr. Misal
Romano, Aclamaciones antes del Evangelio, en las ferias del 17 al 24
de diciembre).
Hijas e hijos míos,
hagamos totalmente nuestras estas apremiantes llamadas que la Iglesia
nos dirige. Dispongamos el corazón ya desde estos primeros días
de Adviento; preparémoslo para que el Señor lo encuentre
lo más limpio posible y para que pueda poner en nosotros, con
complacencia, su morada. Conocemos de sobra que ninguno de nosotros
es digno de recibirle; pero Él, lleno de misericordia, toma la
iniciativa: sale a nuestro encuentro y nos otorga la gracia. Cada mañana
viene a nosotros en la Eucaristía. La preparación cuidadosa
de ese momento cotidiano será el mejor modo de disponernos para
su venida espiritual en la Navidad. Ruego al Cielo que percibáis
con toda su hondura aquel grito: ¡tratádmelo bien! (cfr.
San Josemaría, Camino, n. 531), que vemos hecho realidad, con
plenitud, en el comportamiento de María y de José.
Detengámonos
un momento a reflexionar, con palabras de Benedicto XVI, que la liturgia
no usa el pasado —Dios ha venido— ni el futuro —Dios
vendrá—, sino el presente: "Dios viene". Como
podemos comprobar, se trata de un presente continuo, es decir, de una
acción que se realiza siempre: está ocurriendo, ocurre
ahora y ocurrirá también en el futuro. En todo momento
"Dios viene".
El verbo "venir"
se presenta como un verbo "teológico", incluso "teologal",
porque dice algo que atañe a la naturaleza misma de Dios. Por
tanto, anunciar que "Dios viene" significa anunciar simplemente
a Dios mismo, a través de uno de sus rasgos esenciales y característicos:
es el Dios-que-viene.
El Adviento invita
a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente.
Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los
días, de las semanas, de los meses: Despierta. Recuerda que Dios
viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. El único verdadero
Dios, "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" no es un Dios
que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de
nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene.
Es un Padre que
nunca deja de pensar en nosotros y, respetando totalmente nuestra libertad,
desea encontrarse con nosotros y visitarnos; quiere venir, vivir en
medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos
del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad.
Dios viene a salvarnos (Benedicto XVI, Homilía en las Primeras
Vísperas del Domingo I de Adviento, 2-XII-2006).
El Adviento trae
consigo una llamada a tener muy presente que Dominus prope (Liturgia
de las Horas, segundas Vísperas del Domingo I de Adviento, Lectura
Breve: Flp 4, 5), que el Señor está cerca. A mí
me impresiona cada año este grito de la liturgia, que podemos
interpretar en muchos sentidos, adaptando esas palabras a las necesidades
espirituales de cada uno. Recordemos más esta realidad gozosa,
con más hondura aún, cuando el seguimiento de Cristo nos
parezca arduo, exigente, con el convencimiento de que esa resistencia
nuestra se deshará si damos paso a que esa cercanía se
convierta en intimidad.
Dominus
prope, entre otras cosas, porque se halla en el centro de nuestra
alma en gracia; tan cerca, tan cerca, que no puede estarlo más.
Quiere morar con nosotros, dentro de nosotros.
Podemos pensar
también en el Dominus prope, porque se acerca la conmemoración
de ese momento sublime en que el Todopoderoso, el Omnipotente, no necesitando
de nada, ha querido demostrar —al llegar la plenitud de los tiempos—
que tiene sus complacencias puestas en las criaturas, en cada uno de
nosotros: deliciæ meæ esse cum filiis hominum (Prv 8, 31),
mi delicia es estar con los hijos de los hombres.
El Dominus prope
nos sirve también para reforzar la llamada al apostolado. Empeñémonos
más, a diario, en transmitir a nuestro alrededor, sin respetos
humanos, que Dios está muy cerca y llama a las puertas del alma:
¡ábreme, hermana mía, amada mía, mi paloma,
mi preciosa! (Ct 5, 2), nos dice a todos, como a la Esposa del Cantar
de los Cantares. Hay que franquearle inmediatamente la entrada en el
corazón, no permitir que pase de largo: no sea que suceda como
a la Esposa del Cantar, por su tardanza en responder: abrí a
mi amado, pero mi amado ya no estaba, se había marchado (ibid.,
6).
Decidámonos
nuevamente a prepararnos muy bien para la Navidad. Estamos en la primera
semana del Adviento: ¿con qué frecuencia hemos repetido
ya: veni, Domine Iesu (Ap 22, 20), ven, Señor Jesús? ¿En
cuántas ocasiones hemos considerado esa frase de la Escritura,
que en estos días descubrimos con un sentido más pleno:
rorate cæli (Is 45, 8), que se abran los cielos y las nubes lluevan
al Justo? ¡Que se abra la tierra!, podemos añadir. Los
cielos se han abierto y se abren constantemente, porque el Señor
nos sigue a toda hora; pero hemos de decidirnos a rasgar nuestros corazones,
nuestra tierra, para que se empape de esta lluvia divina, la gracia,
que quiere sanarnos, santificarnos y hacernos eficaces.
El tiempo de Adviento
significa tiempo de esperanza. Precisamente ayer, 30 de noviembre, el
Santo Padre ha publicado su segunda encíclica, que lleva por
título Spe salvi: hemos sido salvados en la esperanza. Su lectura
y meditación a lo largo de estas semanas, nos ayudará
a vivir con más hondura la Navidad".
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Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:11, Categoría: Adviento
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Adviento, tiempo para redescubrir la esperanza. Benedicto XVI
Adviento,
tiempo para redescubrir la esperanza
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Palabras
que pronunció Benedicto XVI el domingo antes y después
de rezar la oración mariana del «Ángelus»:
presenta la encíclica «Spe salvi».
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Ciudad
del Vaticano, 2 diciembre de 2007. |
Queridos hermanos
y hermanas:
Con este primer
domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico: el
Pueblo de Dios se vuelve a poner en camino para vivir el misterio de
Cristo en la historia. Cristo es el mismo de ayer, de hoy de siempre
(Cf. Hebreos 13, 8); la historia sin embargo cambia y necesita ser constantemente
evangelizada; necesita ser renovada en su interior y la &uacut!
e;nica verdadera novedad es Cristo: Él es su pleno cumplimiento,
el futuro luminoso del hombre y del mundo. Resucitado de entre los muertos,
Jesús es el Señor a quien Dios someterá todos los
enemigos, incluida la misma muerte (Cf. 1 Corintios 15, 25-28). El Adviento
es, por tanto, el tiempo propicio para despertar en nuestros corazones
la espera de «Aquel que es, que era y que va a venir» (Apocalipsis
1, 8). El Hijo de Dios ya vino a Belén hace veinte siglos, viene
en cada momento al alma y a la comunidad que están dispuestos
a recibirlo, vendrá de nuevo al final de los tiempos para «juzgar
a vivos y muertos». Por este motivo, el creyente siempre está
vigilando, animado por la íntima esperanza de encontrar al Señor,
como dice el Salmo: «Espero en el Señor, mi alma espera
en su palabra; mi alma aguarda al Señor más que los centinelas
la aurora» (Salmo 129 [130], 5-6).
Este domingo es,
por tanto, un día sumamente indicado para ofrecer a toda la Iglesia
y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica,
que he querido dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana.
Se titula «Spe salvi», pues comienza con la expresión
de san Pablo: «Spe salvi facti sumus – en esperanza fuimos
salvados» (Romanos 8,24). En éste, al igual que en otros
pasajes del Nuevo Testamento, la palabra «esperanza» está
íntimamente unida a la palabra «fe». Es un don que
cambia la vida de quien lo recibe, como demuestra la experiencia de
muchos santos y santas. ¿En qué consiste esta esperanza
tan grande y tan «confiable» que nos permite decir que en
ella está nuestra «salvación»? En definitiva,
consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento d! e su corazón
de Padre bueno y misericordioso. Jesús, con su muerte en la cruz
y con su resurrección, nos ha revelado su rostro, el rostro de
un Dios tan grande en el amor que nos ha dado una esperanza inquebrantable,
que ni siquiera la muerte puede resquebrajar, pues la vida de quien
confía en este Padre se abre a la perspectiva de la felicidad
eterna.
El desarrollo de
la ciencia moderna ha confinado cada vez más la fe y la esperanza
a la esfera privada e individual de manera que aparece de forma evidente
y en ocasiones dramática, que el hombre y el mundo tienen necesidad
de Dios --¡del verdadero Dios!--, pues de lo contrario quedarían
privados de esperanza. La ciencia sin duda contribuye al bien de la
humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por
el amor, que hace que la vida personal y social se convierta en buena
y hermosa. Por este motivo la gran esperanza, la que es plena y definitiva,
está garantizada por Dios, que en Jesús nos ha visitado
y nos ha donado la vida, y en Él volverá al final de los
tiempos. Es en Cristo que esperamos, ¡es Él a quien esperamos!
Con María,
su Madre, la Iglesia sale al encuentro del Esposo: lo hace con las obras
de caridad, pues la esperanza, como la fe, se demuestra con el amor.
Buen Adviento a
todos.
De Fluvium
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Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:08, Categoría: Adviento
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Segundo Domingo de Adviento. Rectitud de intención.
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Día 9 II Domingo de Adviento
Fluvium
Evangelio: Mt 3, 1-12 En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo: —Convertíos, porque está al llegar el Reino de los Cielos. Éste es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas». Llevaba Juan una vestidura de pelo de camello con un ceñidor de cuero a la cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre. Entonces acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la comarca del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Al ver que venían a su bautismo muchos fariseos y saduceos, les dijo: —Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que va a venir? Dad, por tanto, un fruto digno de penitencia, y no os justifiquéis interiormente pensando: «Tenemos por padre a Abrahán». Porque os aseguro que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. »Yo os bautizo con agua para la conversión, pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Él tiene en su mano el bieldo y limpiará su era, y recogerá su trigo en el granero; en cambio, quemará la paja con un fuego que no se apaga. |
Rectitud de intención
Vamos avanzando en el Adviento, y en este segundo domingo nos propone la Iglesia la enseñanza de Jesús a un grupo integrado en su mayor parte por fariseos y saduceos, que se tenían por cumplidores habituales de la ley, aunque según interpretaciones distintas. El Señor critica su conducta, que pareeía ya consolidada, y el reproche puede ser de actualidad y dirigido a un grupo como el que nosotros formamos. Nosotros también podríamos decir que ya somos cristianos, que ya rezamos, que cumplimos con lo prescrito... –tantas cosas más podríamos decir para justificarnos–, tratando de mostrar que, por nuestra condición, ya hacemos lo suficiente para ser considerados buenos. En este Adviento, tiempo de preparación personal porque viene Dios –en cierto sentido– más especialmente, procuramos examinar nuestra vida, no sea que necesite ser de algún modo corregida aunque tengamos habitualmente la impresión de ser buenos, de haber sido –de siempre– buenos cristianos. Esa impresión tenían los fariseos y los saduceos: que, por el hecho de ser los oficialmente cumplidores de la ley, pensaban que ya no debían preocuparse más. Su seguridad se apoyaba, como la de algunos hoy día, en pertenecer a una clase posiblemente heredada y, por tanto, sin mérito alguno de su parte o quizás con el exclusivo mérito de mantener unas prácticas religiosas bastante rutinarias. Os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrahán, les reprocha el Bautista. Les viene a decir que la condición inicial en la vida espiritual no nos basta, la tenemos por providencia de Dios y punto de partida para lo que se espera de cada uno, para lo que pide Dios de nosotros. Con razón, pues, castigará el Señor a los que sin razón se tranquilizan al pensar, satisfechos, en una bondad –la suya– heredada o vivida casi sólo por la fuerza de la costumbre. No queramos nosotros sentirnos satisfechos ningún día, como si ya hubiéramos cumplido con Dios o como si, por la educación cristiana recibida y pacíficamente asimilada, poco más debiéramos hacer y exigirnos, aparte de lo que ya vamos haciendo hoy, con poco esfuerzo por nuestra parte. Espera el Señor de cada uno amor, decisiones personales auténticas en su servicio, manifestadas, por tanto, en obras. Y que donde no llegaron nuestras obras, llegue el arrepentimiento con dolor, porque no supimos querer al Señor como Él espera. Deberá ser ése el momento de un renovado propósito, fruto de la contrición. Suavemente movidos por la Gracia y con la luz clara de estas palabras del Señor, podemos decidirnos a rectificar lo que sea necesario, para que la venida de Dios a los hombres en la próxima Navidad nos encuentre bien dispuestos. Acogeremos así con más provecho, gozosos, el tesoro de su misericordia y amor. Será entonces el momento de responder serena y sencillamente a los que nos pregunten, que el origen de la verdadera alegría –de la felicidad– no puede ser otro que una efectiva unión con Dios; que la fatiga y hasta el dolor, precio humano de esa unión, se tienen por bien pagados; y que es nuestro mismo Señor quien, en su misericordia, nos da las fuerzas para poder y superar la flaqueza que nos detiene. No olvidemos, en todo caso, las palabras amenazantes de Juan, aunque sea preferible actuar por razones positivas: el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Espera Nuestro Dios que le acojamos cargados de futos, habiendo hecho rendir, para Él, las buenas cualidades que nos ha otorgado. ¿Qué hago con mi tiempo, con mi imaginación, con mi esfuerzo? Puedo y debo ocuparlos en Dios, aun a costa de renunciar a ser personalmente el protagonista de la historia de mi vida. Necesito servir al desarrollo en mí del plan trazado por el Creador desde antes de la constitución del mundo, según la expresión de san Pablo. En este tiempo de Adviento, cuenta Dios con mi espera ilusionada, mientras me esmero en los detalles, quizá pequeños, con los que puedo mejorar para acogerle mejor. Cada esfuerzo en esa mejora será manifestación de amor, como el amor de María cuando disponía lo necesario antes del nacimiento de Jesús.
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Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:01, Categoría: Adviento
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El Papa se prepara para la Navidad participando en la primera meditación del Adviento
El Papa se prepara para la Navidad participando en la primera meditación del Adviento
VATICANO, 07 Dic. 07 (ACI).-El
Papa Benedicto XVI asistió hoy al primer sermón de Adviento dirigido,
como es tradicional, por el P. Raniero Cantalamessa, O.F.M.Cap.,
predicador de la Casa Pontificia.
La primera meditación tuvo lugar, informa la Oficina de Información de
la Santa Sede, esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater, en el
Vaticano.
El tema de las meditaciones de este año está tomado del versículo de la Carta a los Hebreos (1,2): "Nos ha hablado por medio de su Hijo", informó la Sala Stampa.
A los meditaciones están invitados cardenales, arzobispos, obispos y prelados de la Curia Romana, del Vicariato de Roma, así como los superiores generales de las Ordenes que forman parte de la Capilla Pontificia.
Los restantes sermones que preceden al tiempo de Navidad tendrán lugar los viernes 14 y 21 de diciembre.
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Por foro aragón liberal - 8 de Diciembre, 2007, 15:51, Categoría: Adviento
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La Navidad es nacimiento de Cristo y no afán de consumo, recuerda Arzobispo mexicano
La Navidad es nacimiento de Cristo y no afán de consumo, recuerda Arzobispo mexicano
MÉXICO D.F., 06 Dic. 07 (
ACI).-El
Arzobispo de León, Mons. José Guadalupe Martín Rábago, recordó a los
feligreses que la Navidad celebra el nacimiento de Jesús, por lo que
les pidió no caer en el consumismo que se alienta en estos días, sino
más bien vivir como es debido el Adviento para estar llenos de alegría y esperanza.
En su mensaje de Adviento, el Prelado también criticó a quienes
aprovechan esta fecha "para difundir alguna noticia, novela o película
con la finalidad de despertar dudas en lo relativo a las verdades de
nuestra fe que celebramos en estas festividades".
Asimismo, advirtió que aquellos que niegan a Dios con palabras o actos, lo único que logran "es empantanarse en su soberbia y egoísmo
destruyéndose a sí mismo, viviendo indiferente ante las necesidades de
los demás, si no es que descargando sobre ellos su odio y su rencor,
llegando a ser verdad aquello de que 'homo homini lupus' el hombre es
un lobo para el hombre".
Por ello, alentó a los feligreses a recurrir constantemente a la
oración para evitar que el corazón del hombre se pervierta o quede
ciego por su egoísmo, porque contradictoriamente, mientras por un lado
se proclama la dignidad de la persona, "al mismo tiempo atenta contra
su vida que es el primero de sus derechos inalienables".
En ese sentido, exhortó a la comunidad entera a pronunciarse, "siempre
y públicamente, a favor de la vida, y no se haga cómplice con su
silencio, sin protestar y sin oponerse rotundamente por medios
legítimos, cuando se pretenda legislar en contra de ella", con proyectos que quieren imponer el aborto o la eutanasia.
Adviento, reafirmó, es esforzarse juntos para que la fraternidad, la
justicia, la solidaridad, el amor y la paz, no sean palabras bonitas,
sino realidades para las familias.
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Por foro aragón liberal - 8 de Diciembre, 2007, 15:50, Categoría: Adviento
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Corona de Adviento
Una preparación de la Navidad, una especie de industria humana, es la Corona de Adviento.
Lo más sencillo es una corona de hojas de abeto, con cuatro velas. Algunos encienden cada domingo de Adviento una, dos, tres y cuatro... además de algún día de especial celebración.
Es un recordatorio doméstico de la fiesta que está por venir. Él, Jesús Niño, es la Luz del mundo, al ver las velas encendidas recordamos al que ha de venir y saboreamos el ambiente de fiesta futuro. También podemos pensar que nuestra vida se debe consumir en el amor a Dios.
Es el Adviento una preparación alegre, pero preparación, purificación para que cuando llame a la puerta y entre, el Niño Jesús encuentre una posada bien preparada.
frid.
Una ayuda de catholic.net
Autor: .
| Fuente: Catholic.net
La Corona de Adviento |
| La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad |
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| La Corona de Adviento |
La corona o guirnalda de Adviento es
el primer anuncio de Navidad.
La palabra ADVIENTO es de origen
latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que
los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El
tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.
Una
costumbre significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo
es La corona o guirnalda de Adviento, es el primer
anuncio de Navidad.
Origen:
La corona de adviento encuentra sus
raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante
el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de
ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en
la venida de la primavera. Pero la corona de adviento
no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es
un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo
ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El
vino para hacer todas las cosas nuevas.
Nueva realidad:
Los cristianos
supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy
la luz del mundo; el que me siga no caminará
en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la
vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno
nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos
a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la
luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en
la cima de un monte."
En el siglo XVI católicos y
protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas
costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía
expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha
venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria.
Las velas anticipan la venida de la luz en la
Navidad: Jesucristo.
La corona de adviento se hace con follaje verde
sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son
violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos
la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una
vela mas hasta llegar a la Navidad. La vela rosa
corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se
encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje
de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos
en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo
en casa, por ejemplo antes o después de la cena.
Si no hay velas de esos colores aun se puede
hacer la corona ya que lo mas importante es el
significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento
de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona
se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por
el sacerdote.
La corona de adviento encierra varios simbolismos:
La forma circular:
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del
amor de Dios que es eterno, sin principio y sin
fin, y también de nuestro amor a Dios y al
prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es
el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos
su gracia, el perdón de los pecados y la gloria
eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante
en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más
estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas: Nos hacen pensar
en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al
hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera
caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una
esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las
velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con
cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con
la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro
mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la
corona y se prenden de una en una, durante
los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en
familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos
del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron
el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del
Salvador Universal.
El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y
el amor de Dios que nos envuelve.
BENDICIÓN DE
LA CORONA DE ADVIENTO En algunas parroquias o colegios
se hace la bendición de las Coronas de Adviento. Si
no sepuede asistir a estas celebraciones, se puede hacer la
bendición en familia con la siguiente oración:
Señor Dios, bendice con
tu poder nuestra corona de adviento para que, al encenderla,
despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de
Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando
Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos. Te
lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Todos: Amén. La bendición de Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y
sobre todos los que con ella queremos preparar la venida
de Jesús.
PROPONEMOS ESTE ESQUEMA SENCILLO PARA ORAR AL
ENCENDER LA VELA DE ADVIENTO
PRIMER DOMINGO
LLAMADA A LA VIGILANCIA ENTRADA.
Se entona algún canto. Saludo. Guía: En el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Acto
de Contrición. Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores. Todos:
Yo confieso ante Dios todopoderoso...
LITURGIA DE LA PALABRA. Lectura del
santo evangelio según san Marcos 13,33: “Estén preparados y
vigilando, ya que nos saben cual será el momento”. Palabra
del Señor. (Breve pausa para meditar) Reflexión.
Guía: Vigilar
significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere
entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia,
para darle sentido total y salvarnos.
ENCENDIDO DE LA VELA.
Oración.
Guía: Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende
su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del
amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas
sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y
vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz
más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor
Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!
PADRE NUESTRO Guia: Unidos en una sola voz
digamos: Padre Nuestro...
CONCLUSION
Guía: Ven, Señor, haz resplandecer
tu rostro sobre nosotros. Todos: Y seremos salvos.
Amén.
SEGUNDO DOMINGO
ENTRADA. Se entona algún canto.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo.
Acto de Contrición. Guía: Reconozcamos ante Dios que
somos pecadores. Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...
LITURGIA DE LA
PALABRA. Lectura de la II carta de San Pedro 3,13-14: ”Nosotros
esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra
nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso,
queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los
halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz". Palabra de
Dios. Breve pausa para meditar
Reflexión Guía: ¿Qué va a cambiar en
mí, en nosotros en este Adviento? ¿ Se notará que
creemos de veras en Cristo?
ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.
Guía:
Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como
un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está
rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra
carne...
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su
vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas
y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto,
Señor! ¡Ven, Salvador!
PADRE NUESTRO. Guía: Unidos en una sola
voz digamos: Padre nuestro...
CONCLUSION. Guía: Ven, Señor, haz resplandecer
tu rostro sobre nosotros. Todos: Y seremos salvados. Amén.
TERCER DOMINGO
ENTRADA. Se entona algún canto. Saludo. Guía: En el
nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo.
Acto de Contrición. Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.
Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...
LITURGIA DE LA PALABRA. Lectura de
la Primera carta a los Tesalonicenses 5,23: ”Que el propio
Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección.
Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma
y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro
Señor”. Palabra de Dios. Breve pausa para meditar. Reflexión. Guía:
Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo
en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos
verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza
reflejada en nuestra vida para que puedan creer en El?
ENCENDIDO
DE LA VELA. Oración.
Guía: En las tinieblas se encendió
una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia
la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus
caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una
novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega
el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el
que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas cada
uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en
tu luz, caliéntanos en tu amor!
PADRE NUESTRO. Guía: Unidos en
una sola voz digamos: Padre nuestro...
CONCLUSION. Guía: Ven, Señor,
haz resplandecer tu rostro sobre nosotros. Todos: Y
seremos salvados. Amén
CUARTO DOMINGO
Todos hacen la señal de
la cruz. Guía: "Nuestro auxilio es en el nombre del Señor" Todos:
"Que hizo el cielo y la tierra"
Liturgia de la Palabra: Primera
lectura: Rm 13,13-14 "Conduzcámonos como en pleno día, con
dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni
desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo".
"Palabra de Dios" Todos: "Te alabamos Señor".
Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7
"Es justo a los ojos de Dios pagar con
alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el
Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus
poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y
la admiración de todos los creyentes." -"Palabra de Dios" Todos:
"Te alabamos Señor". Guía: "Ven, Señor, y no tardes. Todos: "Perdona los
pecados de tu pueblo".
SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS Guía: "Bendigamos al
Señor" Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: "Demos
gracias a Dios".
Humildad y gloria El Nacimiento de Jesús
Guía: Lectura del
Evangelio según San Lucas (2:6-7) "Y sucedió que, mientras ellos estaban
allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a
luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le
acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el
alojamiento." "Palabra de Dios" Todos: "Te alabamos Señor".
MEDITACION
La Virgen y San José,
con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la
prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad
que les pueda separar del amor de Cristo que nace.
Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios
no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba
el amor inmaculado que lo recibe.
Nos unimos a La Virgen
y San José con un sincero deseo de renunciar a
todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.
Tiempo
de silencio / Tiempo de intercesión Padre Nuestro / Ave María.
ORACIÓN
FINAL
Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio
del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para
que lleguemos por su pasión y su cruz a la
gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
Todos: "Amén" | |
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Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 19:19, Categoría: Adviento
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I Domingo de Adviento. Vigilad en paz.
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Día
2 de diciembre
Evangelio:
Mt 24, 37-44 Lo
mismo que en los días de Noé, así será
la venida del Hijo del Hombre. Pues, como en los días que precedieron
al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta
el día mismo en que entró Noé en el arca, y no
se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató
a todos, así será también la venida del Hijo
del Hombre. Entonces estarán dos en el campo: uno será
tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el
molino: una será tomada y la otra dejada.
»Por eso: velad,
porque no sabéis en qué día vendrá vuestro
Señor. Sabed esto: si el dueño de la casa supiera a
qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría
ciertamente velando y no dejaría que se horadase su casa. Por
tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora
que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.
De Fluvium
Vigilad en Paz:
¡Qué
cierto es que la muerte nos puede sorprender! Aunque en muchas ocasiones
no sucede así y hasta es posible que los médicos se
aventuren a pronosticar cuánto tiempo de vida le queda a un
enfermo y lo más frecuente en nuestros días es que la
muerte sobrevenga a partir de una edad ya avanzada. A nadie le admira,
sin embargo, la noticia del fallecimiento inesperado de personas jóvenes
o de mediana edad, por accidente, por ejemplo, y también por
enfermedad. Quizá sea ésta una de las manifestaciones
más claras e innegables de que no somos señores de nuestra
existencia.
Jesús
parte de esta realidad, que es evidente para todos, y estimula a la
vigilancia. Ese momento –el de la muerte– debe encontrarnos
preparados, pues es para cada uno el momento de encuentro con el Señor
como Juez de nuestros actos. No es la vida del hombre tan sólo
una ocasión, más o menos larga y más o menos
grata, de desarrollo de las propias capacidades. Ni se trata de un
tiempo nuestro, de nuestra propiedad, como si a nadie debiéramos
dar cuenta de su aprovechamiento. Las palabras de Jesús indican,
por el contrario, que al terminar esta vida habremos de responder
de ella y que ese momento se puede presentar de improviso.
Velad,
aconseja el Señor. Así hacemos cuando queremos asegurar
la buena marcha de cualquier negocio. Lo hacemos todos para garantizar
la eficacia de lo que nos traemos entre manos: en el trabajo, en la
vida familiar y social, en la diversión...; sí, hasta
en nuestros juegos. Nos interesa evaluar esfuerzos, tiempo empleado,
gastos... Luego, a la vista del resultado obtenido, quizá advertimos
que todo va bien o, por el contrario, que es preciso modificar de
algún modo nuestra pauta. Y así hacernos, entonces,
como consecuencia. Si actuamos de este modo en casi todas nuestras
ocupaciones, aunque sean de poca importancia, con mayor razón
haremos en las importantes y, sobre todo, en lo que se refiere al
sentido y razón de ser de nuestra existencia. Querremos vivir
permanentemente vigilantes, calibrando si nuestro quehacer contribuye
al desarrollo de la vida en Dios a la que Él nos llama. Será
preciso, pues –al igual que para lo menos importante, y como
aconseja la experiencia–, dedicar algunos tiempos a ese examen
vigilante.
El
interés por vivir la vida según Dios –la única
que vale la pena para el hombre–, que descubrimos más
y más en la oración, impulsa a un examen sobre la realidad
sobrenatural de lo concreto de nuestra vida; y, más en particular,
acerca de los medios que de hecho ponemos en práctica para
que nuestras jornadas sean como Dios espera. Sabremos así lo
que tendremos que rectificar con la ayuda del Señor, ya que
sólo eso está al alcance de la voluntad humana; no propiamente
la santidad misma que es efecto de la Gracia, obra del Espíritu
Santo en nosotros. Dios no niega su auxilio a sus hijos: nos quiere
santos y espera poder otorgarnos sus dones según vamos configurando
la vida nuestra con su querer, que descubrimos en un diligente examen
de conciencia.
¿Cómo
ha sido mi trato con los que me rodean, cuánto recé
por ellos? ¿Agradecí al Señor lo que soy, lo
que me ha concedido por encima de otros seres? ¿Respondo a
esos talentos: a mis condiciones humanas, a los medios materiales
de que dispongo, a la ayuda que se me ofrece? ¿Soy conscientes
de que son dones de Dios para que los haga fructificar? ¿Medito
en oración sobre la realidad sobrenatural de mi vida, me considero
ante todo hijo de Dios?
Preguntas
como estas deberían ser quizá habituales en nuestra
conciencia, sobre todo si por sus respuestas no nos queda claro que
procuramos vivir para Dios. Y mientras examinamos la conducta, tratando
de descubrir en qué mejorar, convendrá no olvidar el
apoyo suave y fuerte que Dios mismo, Nuestro Padre, nos ofrece para
que sepamos concretar de día en día el amor con obras
que espera de nosotros para hacernos santos. Porque no es la vigilancia
que hoy consideramos tarea que deba ser impulsada por el miedo, ni
a duras penas porque nos sentirmos sin las fuerzas necesarias. Nos
resultaría ciertamente imposible si contásemos tan sólo
con nuestras personales posibilidades, pero no olvidemos que la santidad
se forma en los hijos de Dios por las Gracia, tan sencillamente como
el fruto dulce, maduro en un sarmiento, cuando permanece unido a la
vid. Con la misma naturalidad se siente el gozo en la virtud y la
mayor intimidad con el Creador que es Padre.
La
obra de nuestra santificación, siendo natural, será
empresa siempre ardua, pero proporcionada a nuestras fuerzas con la
ayuda de Dios y, por eso, cosa ordinaria. Vigilemos, pues, para descubrir
cómo contar más con el Señor a lo largo de la
jornada, cómo vivir para Él cada uno de nuestros momentos.
No debemos abandonar la actitud de niños e hijos muy queridos
que el Señor tanto nos aconseja. Es precisamente comportándonos
así como resulta fácil la santidad e imposible, en cambio,
de otro modo.
La
Virgen Santísima, nuestra Madre, si procuramos tratarla asiduamente
como hijos pequeños, nos facilita el camino de infancia hasta
Nuestro Padre Dios, ayudándonos a concretar los pasos que cada
jornada van conduciéndonos a la casa del Cielo.
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Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 15:59, Categoría: Adviento
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Primer Domingo de Adviento. Preparación de la Navidad.
Como el Ave Fénix
Fuente: Catholic.net Autor: P. Sergio Córdova LC
Mateo
24, 37-44
Como en los días de Noé, así será la
venida del Hijo del hombre. Porque como en los días
que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido,
hasta el día en que entró Noé en el arca,
y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio
y los arrastró a todos, así será también la venida
del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo:
uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en
el molino: una es tomada, la otra dejada. "Velad, pues,
porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien:
si el dueño de casa supiese a qué hora de
la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela
y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso,
también vosotros estad preparados, porque en el momento que no
penséis, vendrá el Hijo del hombre.
Reflexión
Entre las múltiples leyendas de
la mitología griega, nos ha sido transmitida la del ave
Fénix. Después de haber sido sacrificada, esta águila real, por
una especial concesión de los dioses, fue capaz de rehacerse
desde sus propias cenizas y recibir el don de la
inmortalidad. Desde entonces, esta ave Fénix es símbolo de esperanza
y de resurrección a una vida nueva, a pesar de
los fracasos más rotundos de la existencia humana.
Es curioso que
los griegos hayan imaginado también esta leyenda, ya que su
concepción de la vida era, más bien, un tanto trágica
y pesimista. Sin embargo, gracias al cielo, nunca han faltado
espíritus positivos en todas las culturas, ya que en el
corazón del hombre anida un anhelo infinito de eternidad, y
le es imposible vivir sin esperanza. Se asfixiaría.
Hace ya
tiempo escuché en la predicación de un santo sacerdote esta
sentencia: “a medida que avanzamos por la vida, tenemos mayor
necesidad de vivir con más esperanza”. He de confesar que
esas palabras me impresionaron, aunque tal vez no tenía por
entonces muchas experiencias personales que ratificaran esa afirmación. A la
vuelta de varios años –aunque todavía soy joven— me he
dado cuenta de esta profunda verdad.
No hay ninguna persona en
este mundo sin sufrimiento. Pero cuando uno, como sacerdote, puede
acercarse al mundo de las almas y penetrar en el
fondo de su corazón, se da cuenta de la inmensidad
de los sufrimientos físicos, morales y espirituales que afligen hoy
a tantos seres humanos. Y creo que nadie como el
sacerdote está mejor dotado para comprender y compartir esos sufrimientos.
Porque el sacerdote no es sólo una persona con un
gran sentido de humanidad; Dios ha querido colocarlo como un
puente entre Él y los hombres para llevarlos a Él.
Por eso, es capaz de amar de un modo puro,
generoso y desinteresado a sus semejantes, de sentir una profunda
simpatía por ellos, de compadecerse de sus dolores, y tratar
de tenderles una mano y ayudarles en sus necesidades espirituales.
Yo no sé si ésta será la experiencia de todos.
Yo hablo por mí mismo y de mi propia experiencia.
Hoy
iniciamos el período del adviento. Y el adviento es, ante
todo, un tiempo de espera y de esperanza. No es
la misma cosa, aunque exista entre ellos un gran parentesco.
Se puede esperar algo o a alguien, y no necesariamente
tener la virtud de la esperanza cristiana. Ésta nace de
una fe en Dios muy intensa, profunda y verdadera, que
nos lleva a confiar ciegamente en su gracia, en su
poder, y a esperar con certeza plena en el cumplimiento
de todas sus promesas.
¿Cuáles promesas? Las que nos ha revelado
en la Sagrada Escritura y a través de nuestra santa
madre, la Iglesia. Es decir, aquellas verdades que confesamos en
nuestra fe y que se hallan contenidas en el credo.
Pero, además, todo aquello que nuestro Señor Jesucristo nos prometió
en el santo Evangelio y en lo que Dios nos
transmitió por boca de sus profetas.
Entre ellos, Isaías es el
gran cantor de la esperanza, el profeta de la esperanza
mesiánica por antonomasia. Y, aunque Isaías profetizó varios siglos antes
de la llegada del Mesías, sus promesas son siempre actuales
y perennes, pues llevan el sello de la eternidad de
Dios.
Hoy la Iglesia nos ofrece estas maravillosas palabras: “En
días futuros, el monte de la casa del Señor será
elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las
montañas y hacia él confluirán todas las naciones. Acudirán pueblos
numerosos, que dirán: ‘Venid, subamos al monte del Señor, a
la casa del Dios de Jacob, para que Él nos
instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas.
Porque de Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra
del Señor’... Él será el árbitro de las naciones y
el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados
y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada
pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
¡Venid, marchemos, caminemos a la luz del Señor!”.
Son palabras que
se refieren a la llegada del Mesías. Pero, al mismo
tiempo, promesas que están siempre en espera de un cumplimiento
definitivo. Con el nacimiento de Jesús en Belén, Dios cumplió
su promesa. Pero aún no hemos llegado a esa bendita
edad de oro anunciada por el profeta. Es la paz
que anhela profundamente nuestro corazón y por la que suspira
todo nuestro ser. Es la paz que poseeremos plenamente en
la vida futura, en donde “ya no habrá hambre, ni
sed, ni caerá sobre ellos el sol ni calor alguno
porque el Cordero, que está en medio del trono, los
apacentará y los guiará hasta las fuentes de las aguas
de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus
ojos” (Ap 7, 16-17).
A esa paz llegaremos al final
de los tiempos, cuando Dios “cree unos cielos nuevos y
una tierra nueva, y ya no se recuerde lo pasado...”.
Entonces nos gozaremos en “un gozo y alegría eternas” ante
lo que Dios va a crear para nosotros (Is 65,
17ss).
Pero, para llegar a esa paz y a esa dicha
bienaventurada, tenemos que preparar ya desde ahora nuestro corazón y
tratar de vivir con el corazón en el cielo. Y
con los pies sobre la tierra. Nuestro Redentor está para
llegar esta Navidad, y necesitamos preparar nuestra alma para su
próxima venida.
Hemos de disponer nuestros corazones con la oración
y la vigilancia –como nos recomienda hoy el Señor en
el Evangelio— para poder vivir dignamente, en estado de gracia
y en amistad con Él. Fue éste mismo el consejo
que nos dejó antes de su Pasión: “Vigilad y orad
para que no caigáis en tentación, pues el espíritu está
pronto, pero la carne es flaca” (Mt 26, 41).
Si
vivimos así, nuestra esperanza no será un idealismo utópico, sino
una actitud existencial realista y un comportamiento cristiano personal y
exigente. Así podremos prepararnos dignamente para la doble venida del
Señor: en el tiempo y en la eternidad.
Y entonces
seremos mucho más que un ave Fénix. Seremos como ángeles
y gozaremos de la compañía de Dios, dichosos y felices
por los siglos de los siglos.
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Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 10:30, Categoría: Adviento
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