El Blog de la Navidad
La Navidad en Aragón Liberal


Inicio


Acerca de
Suscríbete al blog

Categorías
General [145] Sindicar categoría
Adviento [16] Sindicar categoría
Cuentos [16] Sindicar categoría
Felicitaciones de Navidad [59] Sindicar categoría
Recursos navideños [9] Sindicar categoría
Reyes Magos [9] Sindicar categoría
Villancicos [41] Sindicar categoría

Archivos
Marzo 2008 [2]
Enero 2008 [26]
Diciembre 2007 [263]
Noviembre 2007 [3]

Sindicación (RSS)
Artículos
Comentarios

 


Adviento


Cuarto domingo de Adviento

Día 23 IV Domingo de Adviento

fluvium

         Evangelio: Mt 1, 18-24 La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.
         José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
         —José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
         Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta:
         "Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros".
         Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.

Al modo de Dios:

A cualquiera nos resulta evidente que el mundo que contemplamos y su concreta configuración no se debe a nosotros mismos. Es algo que reconocemos, que captamos con más o menos profundidad, intentando tener un conocimiento lo más exacto posible de esta realidad, así como de las normas o leyes que rigen el comportamiento y destino de cada uno de los seres que componen nuestro mundo. El hombre no es creador, sino, en todo caso, descubridor de una realidad anterior a él mismo, en la que está incluído, con las excelentes características que lo determinan como persona: pero es uno más de los seres existentes en el mundo.

        Constituído sobre el resto de la Creación, el hombre no se ha otorgado a sí mismo esta superioridad, pues ninguno nos hemos conformado en personas, ni decidido, por tanto, nuestro modo de ser. Más bien, nos corresponde descubrir y aceptar nuestra propia verdad, como condición previa para todo comportamiento personal ulterior, pues, sólo a partir del conocimiento propio cabe pensar en una acción verdaderamente libre y humana. De hecho, nada más llamamos humana, a aquella conducta que es libre: decidida por cada uno, en la que el sujeto no se siente forzado a actuar, y de la que conoce sus diversas posibilidades de acción y las consecuencias.

        Como conclusión del relato evangélico que hoy consideramos, dice el evangelista que al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. José actúa libremente, aunque no llevara él la iniciativa, queriendo secundar en todo la voluntad que Dios, a través del ángel, le mostraba como divina. Tenemos en él un ejemplo permanente de fidelidad a la vocación, pues, cada vez que aparece en los escritos evangélicos, lo vemos colaborando con la misión del Verbo encarnado –que se le confió como hijo–, en ocasiones recibiendo indicaciones de parte de Dios que le concretan de modo explícito lo que espera de él.

        En esto está la grandeza de José. Humanamente no es un personaje famoso de su tiempo, ni aparece para sus parientes y conocidos como autor de grandes hazañas; sin embargo, sólo con su vida –ordinaria casi siempre–, porque en todo momento respondió a las llamadas divinas, ha merecido un puesto de privilegio en la Gloria del Cielo, y ser recordado con admiración por todos los cristianos.

        En este tiempo nuestro, cuando para muchos parece decisivo triunfar ante la gente, y que en eso estaría el valor personal; el Esposo de María nos enseña verdadera eficacia y sencillez: José cumple lo que Dios esperaba de él sin pensar en el propio lucimiento ni en satisfacciones personales. Actúa tan sólo a impulsos del querer divino, de modo que le basta conocer lo que el Señor espera de él para procurar ponerlo por obra, empleando para ello lo mejor de sus cualidades. Fe, esperanza y caridad eran hábitos corrientes en su conducta. Es más, por la docilidad con que reacciona a los estímulos sobrenaturales, manifiesta cuánto le movía ya en la tierra el amor de Dios. Un amor plasmado en obras de fidelidad: obediente enseguida a la indicación del ángel de recibir a María como esposa, en contra de lo que él ya había decidido; o, como veremos, poco tiempo después, saliendo enseguida, en plena noche hacia un país extraño, porque fiado del aviso recibido, también en sueños, descansa en la esperanza de encontrar en Egipto el mejor lugar para establecer su familia, por increíble que pudiera parecer, con las razonables dificultades del viaje y las demás incomodidades, lógicas en una tierra desconocida.

        Las páginas del Evangelio, como ésta que hoy consideramos, pueden movernos al examen: ¿me intrresa en realidad descubrir lo que agradará más al Señor en mi modo de actuar?; ¿hasta qué punto y con qué diligencia sigo lo que me pide, lo que reconozco que es su voluntad para mí? Porque, viviendo de modo consciente en la presencia de Dios, nuestra vida ha de ser de fe, esperanza y amor. Pidamos por ello a Dios, Nuestro Padre, de quien procede todo bien y que nos quiere santos, que aumente en cada uno las virtudes teologales, para tener así realismo sobrenatural; y que, firmemente apoyados en la materia de este mundo, podamos vivir vida de hijos de Dios. La mente de cada uno, atenta al destino para el que nos quiere el Creador, gobernará la conducta nuestra haciéndonos estar plenamente en las cosas de este mundo, pero sin reducirnos a lo mundano. Comprobaremos así que hasta lo más terreno, si forma parte de la vida de los hombres, puede y debe ser sobrenatural, capaz de manifestar amor a Dios, que eso espera de sus hijos en cada instante.

        La nuestra será, como la de María, una vida de fe, esperanza y amor. Será, como la suya, aunque el dolor acompañe, una vida colmada de rico sentido e inmensamente feliz, en la presencia de nuestro Padre del Cielo.


Por foro aragón liberal - 23 de Diciembre, 2007, 16:38, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Recursos par vivir el Adviento en ACIPRENSA

 
Adviento 2007:  Desde el 2 de Diciembre hasta el 24 de Diciembre
 
Información General
Símbolos del Adviento
Recursos para la Catequesis
Material para reflexionar
Teología y Liturgia del Adviento

Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 18:06, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

El origen del Adviento.

¿Cómo y cuándo empieza a vivirse el Adviento?
fluvium.org
Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.


El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en la lengua latina clásica.

         La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne -encarnación- y advenimiento glorioso -parusía-.       
 La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de "venida" cambió a "momento de preparación para la venida".        

Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).        

Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.        

Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380: Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.

Un tiempo de penitencia        

Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes "desde antiguo" para antes de Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia. Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días.        

El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma (Mansi, IX, 796 y 933). Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.        

Sin embargo, las primeras noticias a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.        

Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)- se redujo a las cuatro actuales.

Una doble espera        

El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde -a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.        

No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.        

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa: el tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 17:56, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Tercer Domingo de Adviento. Meditación.

Día 16 III DOMINGO DE ADVIENTO

        Evangelio: Mt 11, 2-11 Entretanto Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por mediación de sus discípulos:
        
—¿Eres tú el que va a venir, o esperamos a otro?
         Y Jesús les respondió:
         —Id y anunciadle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y bienaventurado el que no se escandalice de mí.
         Cuando ellos se fueron, Jesús se puso a hablar de Juan a la multitud:
         —¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con finos ropajes? Daos cuenta de que los que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito:
         Mira que yo envío a mi mensajero delante de ti,
         para que vaya preparándote el camino.
         »En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

La exigencia en la santidad

En el pasaje de san Mateo que hoy nos presenta la Liturgia de la Iglesia contemplamos un interesante momento de la vida del Señor en relación con Juan el Bautista. Por una parte, con su respuesta a los discípulos de Juan, les confirma, por las obras que de Él contemplaban, que ya no debían esperar a otro: se cumplía en su Persona lo anunciado por los profetas cuando se referían al Mesías prometido por Dios. Advierte Jesús, por otra parte, que el talante y la conducta del Precursor, por su heroísmo, lealtad y fortaleza, debían ser un ejemplo estimulante para siempre.

        Una prueba de la mesianidad de Jesús de Nazaret consiste, en efecto, en el cumplimiento inequívoco en su persona de las profecías que, durante siglos, habían anunciado la llegada de un libertador enviado por Dios a los hombres. Aparte de las diversas circunstancias de lugar y de tiempo en que vendría el Mesías y que se cumplen en Jesús, se cumplen también en Él otros fenómenos –los milagros–, que siendo hechos sobrenaturales, por cuanto los simples hombres no tenemos capacidad para ellos, prueban el carácter asimismo sobrenatural de su Autor. La doctrina que se nos propone a los cristianos, al ser del mismo Jesús de Nazaret, es mucho más que una enseñanza válida que conformó la vida de los hombres en unas determinadas circunstancias de hace dos mil años. Las suyas son palabras definitivas para los hombres de todos los tiempos –el Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, nos dijo–, su doctrina debe reflejarse siempre en la vida de los hombres, cualesquiera que sean nuestras circunstancias

        Pero el poder del Señor, demostrado con sus obras, es una garantía de la solidez de su doctrina y confirma la autoridad de sus palabras; que, junto al amor que nos demuestra con su entrega hasta la muerte, estimula la respuesta humana en su seguimiento. Aunque, si es cierto que nos anima a la confianza, nos propone también una vida exigente, como la de Juan Bautista. Una vida, que debe ser también hoy completamente opuesta a la blandura imperante y a lo simplemente fácil o agradable. Quienes hayan puesto su ideal en el confort no deben buscarlo en el cristianismo: el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza, dirá, refiriéndose a su caminar por este mundo y a la vida que promete a sus apóstoles.

        De diversos modos y con frecuencia, a lo largo de su vida pública, insistirá Nuestro Señor en la necesidad de la virtud de la fortaleza. Por ejemplo, enseñando a la gente: que el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan; que, si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. Son palabras que el mismo Dios nos dirige, sin dejar de amarnos como Padre cariñoso, aunque sean palabras exigentes con las que previene la tendencia nuestra a la flojera y al egoísmo. Son, por eso, ocasión de que aseguremos nuestra conducta, leal a la enseñanza del Señor, con algunos propósitos que trataremos de cumplir con la ayuda que Él mismo nos ofrece.

        No está de moda la virtud de la fortaleza. Lo ideal y deseable para muchos es que lo bueno cueste poco, aunque sea sólo relativamente bueno, aunque no sea tan bueno como podría ser con más esfuerzo. Pero necesita el mundo de hoy cristianos que quieran amar sin medida, sin calcular el gasto, la fatiga o el dolor que les supondrá ser leales a Dios hasta el heroísmo. Sin medida, con tal de aportar a los demás, incluso a costa de sí, el estímulo y el ejemplo necesarios para seguir esperanzados el ideal de Jesucristo. Como sigue a Cristo el Romano Pontífice: leal al Evangelio y, por eso, no pocas veces, enfrentado a los poderosos de este mundo. También nosotros podemos y debemos manifestar la misma lealtad, rogando a Dios con mucha frecuencia que proteja al Papa y lo fortalezca en su servicio a Dios y a los hombres. Nos dispondremos, así, a imitarle en esas contiendas cotidianas contra la comodidad, la sensualidad, el amor propio..., que necesariamente tendremos que librar para ser también leales a Jesucristo.

        Santa María –Madre nuestra, auxilio de los cristianos, Esposa del Espíritu Santo, Madre de Dios– nos protege con su intercesión poderosa. No podemos prescindir de Ella en esta batalla que debemos mantener contra nuestra debilidad y frente a los que se oponen al reinado de Dios en el mundo. Como Virgen fiel, nos enseña que la fortaleza que vence al mundo está en la humildad de reconocer el señorío divino sobre toda criatura. El mismo reconocimiento que a Ella la conduce al gozo inapreciable de sentirse especialmente querida por Dios a pesar de su pequeñez.

Por foro aragón liberal - 17 de Diciembre, 2007, 17:54, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Adviento: Obispo invita a mexicanos a dirigir mirada a Cristo para caminar con esperanza

Adviento: Obispo invita a mexicanos a dirigir mirada a Cristo para caminar con esperanza

MÉXICO D.F., 12 Dic. 07 (ACI).-El Obispo de Querétaro, Mons. Mario De Gasperín Gasperín, invitó a los feligreses a aprovechar este tiempo de Adviento para "dirigir la mirada a Cristo, el Hijo de Dios enviado para rescatar al hombre, y así poder caminar en el mundo con esperanza".

"La Santa Iglesia nos ofrece, en este tiempo de Adviento y de Navidad, un espacio propicio para 'aguzar la vista' interior, para limpiar" las impurezas "del alma y despertar del marasmo que suele envolver nuestra vida cotidiana, llena de preocupaciones y fatigas. ¡Agucemos la vista interior y caminemos con esperanza!", expresó el Prelado en su carta de Adviento.

Mons. De Gasperín recordó a los feligreses que la causa de la alegría de este tiempo es "la llegada del Salvador", gracias a la cual "nosotros, los pobres seres humanos, no estamos en el desamparo". Señaló asimismo que gracias a la redención, nuestra vida ahora está en las manos de Jesús.

"En Jesús conocemos el rostro del Dios verdadero y, conocer al Dios verdadero, significa vernos libres de la esclavitud de los ídolos: recobrar la dignidad humana y la libertad de hijos de Dios. Sin Dios perdemos la dignidad y la libertad. Quien busca separarnos de Dios nos quiere hacer sus esclavos", señaló.

Además, parafraseando al Papa Benedicto XVI, el Obispo de Querétaro afirmó que los hombres tenemos futuro. "El presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esa meta y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino", afirmó.

Por foro aragón liberal - 13 de Diciembre, 2007, 17:39, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Ideas para vivir el Adviento



Adviento 2007: Desde el 2 de Diciembre hasta el 24 de Diciembre.



Aciprensa


Ideas para vivir el Adviento


Autor: Teresa Fernández

Durante el tiempo de Adviento se puede escoger alguna de las opciones que presentamos a continuación para vivir cada día del Adviento y llegar a la Navidad con un corazón lleno de amor al niño Dios.


1. Pesebre y pajas:

En esta actividad se va a preparar un pesebre para el Niño Dios el día de su nacimiento. El pesebre se elaborará de paja para que al nacer el niño Dios no tenga frío y la paja le dé el calor que necesita. Con las obras buenas de cada uno de los niños, se va a ir preparando el pesebre. Por cada buena obra que hagan los niños, se pone una pajita en el pesebre hasta el día del nacimiento de Cristo.


2. Vitral del Nacimiento:

En algún dibujo en el que se represente el Nacimiento los niños podrán colorear algunas parte de éste cada vez que lleven a cabo una obra buena para irlo completando para la Navidad.


3. Calendario Tradicional de Adviento:

En esta actividad se trata de que los niños hagan ellos mismos un calendario de Adviento en donde marquen los días del Adviento y escriban sus propios propósitos a cumplir. Pueden dibujar en la cartulina el día de Navidad con la escena del nacimiento de Jesús. Los niños diario revisarán los propósitos para ir preparando su corazón a la Navidad. Este calendario lo podrán llevar a la Iglesia el día de Navidad si así lo desean.


Se sugieren los siguientes propósitos:


  1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.

  2. Rezaré en familia por la paz del mundo.

  3. Ofreceré mi día por los niños que no tienen papás ni una casa donde vivir.

  4. Obedeceré a mis papás y maestros con alegría.

  5. Compartiré mi almuerzo con una sonrisa a quien le haga falta.

  6. Hoy cumpliré con toda mi tarea sin quejarme.

  7. Ayudaré a mis hermanos en algo que necesiten.

  8. Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes.

  9. Rezaré por el Papa.

  10. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

  11. Llevaré a cabo un sacrificio.

  12. Leeré algún pasaje del Evangelio.

  13. Ofreceré una comunión espiritual a Jesús por los que no lo aman.

  14. Daré un juguete o una ropa a un niño que no lo tenga.

  15. No comeré entre comidas.

  16. En lugar de ver la televisión ayudaré a mi mamá en lo que necesite.

  17. Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.

  18. Pediré por los que tienen hambre y no comeré dulces.

  19. Rezaré un Ave María para demostrarle a la Virgen cuanto la amo.

  20. Hoy no pelearé con mis hermanos.

  21. Saludaré con cariño a toda persona que me encuentre.

  22. Hoy pediré a la Santísima virgen por mi país.

  23. Leeré el nacimiento de Jesús en el Evangelio de S. Lucas 2, 1-20.

  24. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.

4. Los que esperaban a Cristo:


En esta actividad se trata de lograr hacer una lista con 24 ó 28 nombres (dependiendo del número de días del Adviento) de personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que esperaban la venida del Mesías. Se buscarán en la Biblia, se dibujarán los personajes y se recortarán. Atrás, se les pondrá el nombre de quién es y qué dijo o hizo este personaje. Se puede utilizar como juego.

Algunos personajes que se pueden incluir:


  • Abraham: Dios le dijo a Abraham que su descendencia iba a ser numerosa como las estrella del cielo y lasa arenas del mar, y sí fue.

  • David: Dios le dijo al rey David que el Mesías iba a ser de su familia.

  • Isaías: Dios le dijo al profeta Isaías que el Mesías iba a nacer de la Virgen.

  • Jeremías: Dios le dijo al profeta Jeremías que cuando naciera el Mesías, Él iba a dar a los hombres un corazón nuevo para conocerlo y amarlo mucho.

  • Ezequiel: Dios le dijo al profeta Ezequiel que el Mesías iba a resucitar.

  • Miqueas: Dios le dijo al profeta Miqueas en Belén iba a nacer su Hijo.

  • Oseas: Dios le dijo al profeta Oseas que de Egipto iba a llamar a su Hijo.

  • Zacarías: Dios le dijo al profeta Zacarías que su hijo iba a entrar en Jerusalén montado en burro.

  • Hombres Sabios o Reyes Magos: esperaban la venida del Salvador de los hombres.

  • Los pastores: Fueron avisados por un ángel del gran acontecimiento.

Por foro aragón liberal - 10 de Diciembre, 2007, 19:39, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Segundo domingo de Adviento en Roma



Segundo domingo de Adviento en Roma.



Ante la Navidad, el Papa llama a la conversión y pide rechazar "mentalidad materialista"

VATICANO, 09 Dic. 07 (ACI).-Antes de rezar el Ángelus este mediodía, el Papa Benedicto XVI resaltó el llamado a la conversión que continúa haciendo Juan Bautista a los "hombres y mujeres de nuestro tiempo, en los cuales el modo de vivir y percibir la Navidad suele lamentablemente padecer de una mentalidad materialista".

Ante miles de feligreses que se hicieron presentes en la Plaza de San Pedro este mediodía para la oración mariana, el Santo Padre reflexionó en la lectura del Evangelio de la Misa de este segundo Domingo de Adviento señalando que este llamado es una invitación a "abrir el corazón y a acoger al Hijo de Dios que viene en medio de nosotros para manifestar la justicia divina".

"El Padre –escribe el evangelista Juan– no enjuicia a nadie, pero ha dado al Hijo el poder de enjuiciar, porque es Hijo del hombre. Y es hoy, en el presente, que se juega nuestro destino futuro; es con el comportamiento concreto que tengamos en esta vida que decidimos nuestra suerte eterna", dijo el Pontífice.

Al respecto indicó que "al final de nuestros días sobre la tierra, al momento de la muerte, seremos valorados según nuestra semejanza o no con el Niño que está por nacer en la pobre gruta de Belén, porque Él es el criterio de medida que Dios ha dado a la humanidad".

Más adelante, el Papa explicó que "el Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo Unigénito ha manifestado su amor misericordioso, nos llama a seguir sus huellas haciendo, como Él, de nuestras existencia un don de amor. Y los frutos del amor son aquellos 'dignos frutos de conversión' a los que se refiere san Juan Bautista".

Al finalizar su alocución antes del Ángelus, el Papa señaló que "mediante el Evangelio, Juan Bautista continúa hablando a través de los siglos, a cada generación".

"Sus claras y duras palabras – constató– resultan cuánto más saludables para nosotros, hombres y mujeres de nuestro tiempo, en los cuales el modo de vivir y percibir la Navidad suele lamentablemente padecer de una mentalidad materialista. La 'voz' del gran profeta que llama a preparar el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo.

"La 'voz' del gran profeta que llama a preparar el camino al Señor que viene, en los desiertos de hoy, desiertos exteriores e interiores, sedientos del agua viva que es Cristo", señaló Benedicto XVI antes de pedirle a la Virgen María que nos guíe en el camino de una "auténtica conversión del corazón" para comprender la "necesidad de sintonizar nuestra mentalidad con el Evangelio".

Por foro aragón liberal - 10 de Diciembre, 2007, 19:37, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Palabras del Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría, sobre el Adviento.

Carta de Monseñor Javier Echevarría a los fieles del Opus Dei
Dios viene a salvarnos. Con esta esperanza, Mons. Javier Echevarría sugiere preparar nuestros corazones en el Adviento para que Jesús encuentre en ellos su morada.

01 de diciembre de 2007 www.opusdei.org


Fragmento de la carta que habla de la preparación de la Navidad en el Adviento:

"El tiempo de Adviento, que también acabamos de comenzar, ha de constituir un estímulo para recorrer —de la mano de la Virgen y con San José— las semanas que faltan para la Navidad. Todos los años, al cumplirse estas fechas, nos encontramos con invitaciones de la liturgia que resuenan urgentemente en el alma; con más insistencia, cuanto más nos acercamos al 25 de diciembre. Estas fechas se presentan muy adecuadas para meditar las palabras con las que, desde los albores de la historia, Dios ha tratado de infundir ánimos en los corazones.

        Ya en los primeros capítulos del Génesis, inmediatamente después de narrar el pecado original, la Sagrada Escritura nos llena de esperanza. Dirigiéndose al tentador que, bajo figura de serpiente, ha seducido a nuestros primeros padres, el Señor afirma: pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón (Gn 3, 15). Es la promesa de la Redención que realizó Jesucristo, linaje de la mujer. Y también vemos ahí, como entre sombras, la figura de una Mujer maravillosa —Madre del Redentor—, sobre quien la serpiente infernal no tendrá ningún dominio. María, estrechamente asociada a su Hijo, alcanzará con Él la plena victoria sobre el enemigo de las almas. En atención a los méritos de Cristo, quedará preservada del pecado original —con el que todos nacemos— desde el primer instante de su concepción. Caminará siempre inmaculada, totalmente santa en cuerpo y en alma: la Toda Santa, como la llaman los cristianos de Oriente.

        A partir de ese primer vaticinio, las voces de los antiguos profetas vuelven a escucharse con todo su vigor durante la liturgia del tiempo de Adviento, formando una sinfonía espléndida. Pensemos que, sobre todo en la última semana —ante la inminencia del Nacimiento de Jesús—, la Iglesia no sabe contener su entusiasmo y prorrumpe en exclamaciones llenas de maravilla: Oh Sabiduría del Altísimo, ¡ven a enseñarnos el camino de la vida!, reza la liturgia el 17 de diciembre, en la primera de las grandes ferias que desembocan en la Navidad. Oh raíz de Jesé, ¡ven a librarnos y no tardes! Y más adelante, con insistencia: Oh llave de David, ¡ven a liberar a los que yacen oprimidos por las tinieblas del mal! ¡Ven a salvar al hombre, que modelaste del barro de la tierra! (cfr. Misal Romano, Aclamaciones antes del Evangelio, en las ferias del 17 al 24 de diciembre).

        Hijas e hijos míos, hagamos totalmente nuestras estas apremiantes llamadas que la Iglesia nos dirige. Dispongamos el corazón ya desde estos primeros días de Adviento; preparémoslo para que el Señor lo encuentre lo más limpio posible y para que pueda poner en nosotros, con complacencia, su morada. Conocemos de sobra que ninguno de nosotros es digno de recibirle; pero Él, lleno de misericordia, toma la iniciativa: sale a nuestro encuentro y nos otorga la gracia. Cada mañana viene a nosotros en la Eucaristía. La preparación cuidadosa de ese momento cotidiano será el mejor modo de disponernos para su venida espiritual en la Navidad. Ruego al Cielo que percibáis con toda su hondura aquel grito: ¡tratádmelo bien! (cfr. San Josemaría, Camino, n. 531), que vemos hecho realidad, con plenitud, en el comportamiento de María y de José.

        Detengámonos un momento a reflexionar, con palabras de Benedicto XVI, que la liturgia no usa el pasado —Dios ha venido— ni el futuro —Dios vendrá—, sino el presente: "Dios viene". Como podemos comprobar, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que se realiza siempre: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá también en el futuro. En todo momento "Dios viene".

        El verbo "venir" se presenta como un verbo "teológico", incluso "teologal", porque dice algo que atañe a la naturaleza misma de Dios. Por tanto, anunciar que "Dios viene" significa anunciar simplemente a Dios mismo, a través de uno de sus rasgos esenciales y característicos: es el Dios-que-viene.

        El Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los días, de las semanas, de los meses: Despierta. Recuerda que Dios viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. El único verdadero Dios, "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene.

        Es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando totalmente nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos; quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad. Dios viene a salvarnos (Benedicto XVI, Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo I de Adviento, 2-XII-2006).

        El Adviento trae consigo una llamada a tener muy presente que Dominus prope (Liturgia de las Horas, segundas Vísperas del Domingo I de Adviento, Lectura Breve: Flp 4, 5), que el Señor está cerca. A mí me impresiona cada año este grito de la liturgia, que podemos interpretar en muchos sentidos, adaptando esas palabras a las necesidades espirituales de cada uno. Recordemos más esta realidad gozosa, con más hondura aún, cuando el seguimiento de Cristo nos parezca arduo, exigente, con el convencimiento de que esa resistencia nuestra se deshará si damos paso a que esa cercanía se convierta en intimidad.

        Dominus prope, entre otras cosas, porque se halla en el centro de nuestra alma en gracia; tan cerca, tan cerca, que no puede estarlo más. Quiere morar con nosotros, dentro de nosotros.

        Podemos pensar también en el Dominus prope, porque se acerca la conmemoración de ese momento sublime en que el Todopoderoso, el Omnipotente, no necesitando de nada, ha querido demostrar —al llegar la plenitud de los tiempos— que tiene sus complacencias puestas en las criaturas, en cada uno de nosotros: deliciæ meæ esse cum filiis hominum (Prv 8, 31), mi delicia es estar con los hijos de los hombres.

        El Dominus prope nos sirve también para reforzar la llamada al apostolado. Empeñémonos más, a diario, en transmitir a nuestro alrededor, sin respetos humanos, que Dios está muy cerca y llama a las puertas del alma: ¡ábreme, hermana mía, amada mía, mi paloma, mi preciosa! (Ct 5, 2), nos dice a todos, como a la Esposa del Cantar de los Cantares. Hay que franquearle inmediatamente la entrada en el corazón, no permitir que pase de largo: no sea que suceda como a la Esposa del Cantar, por su tardanza en responder: abrí a mi amado, pero mi amado ya no estaba, se había marchado (ibid., 6).

        Decidámonos nuevamente a prepararnos muy bien para la Navidad. Estamos en la primera semana del Adviento: ¿con qué frecuencia hemos repetido ya: veni, Domine Iesu (Ap 22, 20), ven, Señor Jesús? ¿En cuántas ocasiones hemos considerado esa frase de la Escritura, que en estos días descubrimos con un sentido más pleno: rorate cæli (Is 45, 8), que se abran los cielos y las nubes lluevan al Justo? ¡Que se abra la tierra!, podemos añadir. Los cielos se han abierto y se abren constantemente, porque el Señor nos sigue a toda hora; pero hemos de decidirnos a rasgar nuestros corazones, nuestra tierra, para que se empape de esta lluvia divina, la gracia, que quiere sanarnos, santificarnos y hacernos eficaces.

        El tiempo de Adviento significa tiempo de esperanza. Precisamente ayer, 30 de noviembre, el Santo Padre ha publicado su segunda encíclica, que lleva por título Spe salvi: hemos sido salvados en la esperanza. Su lectura y meditación a lo largo de estas semanas, nos ayudará a vivir con más hondura la Navidad".

Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:11, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Adviento, tiempo para redescubrir la esperanza. Benedicto XVI

Adviento, tiempo para redescubrir la esperanza
Palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo antes y después de rezar la oración mariana del «Ángelus»: presenta la encíclica «Spe salvi».

Ciudad del Vaticano, 2 diciembre de 2007.

Queridos hermanos y hermanas:

        Con este primer domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico: el Pueblo de Dios se vuelve a poner en camino para vivir el misterio de Cristo en la historia. Cristo es el mismo de ayer, de hoy de siempre (Cf. Hebreos 13, 8); la historia sin embargo cambia y necesita ser constantemente evangelizada; necesita ser renovada en su interior y la &uacut! e;nica verdadera novedad es Cristo: Él es su pleno cumplimiento, el futuro luminoso del hombre y del mundo. Resucitado de entre los muertos, Jesús es el Señor a quien Dios someterá todos los enemigos, incluida la misma muerte (Cf. 1 Corintios 15, 25-28). El Adviento es, por tanto, el tiempo propicio para despertar en nuestros corazones la espera de «Aquel que es, que era y que va a venir» (Apocalipsis 1, 8). El Hijo de Dios ya vino a Belén hace veinte siglos, viene en cada momento al alma y a la comunidad que están dispuestos a recibirlo, vendrá de nuevo al final de los tiempos para «juzgar a vivos y muertos». Por este motivo, el creyente siempre está vigilando, animado por la íntima esperanza de encontrar al Señor, como dice el Salmo: «Espero en el Señor, mi alma espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la aurora» (Salmo 129 [130], 5-6).

        Este domingo es, por tanto, un día sumamente indicado para ofrecer a toda la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica, que he querido dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana. Se titula «Spe salvi», pues comienza con la expresión de san Pablo: «Spe salvi facti sumus – en esperanza fuimos salvados» (Romanos 8,24). En éste, al igual que en otros pasajes del Nuevo Testamento, la palabra «esperanza» está íntimamente unida a la palabra «fe». Es un don que cambia la vida de quien lo recibe, como demuestra la experiencia de muchos santos y santas. ¿En qué consiste esta esperanza tan grande y tan «confiable» que nos permite decir que en ella está nuestra «salvación»? En definitiva, consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento d! e su corazón de Padre bueno y misericordioso. Jesús, con su muerte en la cruz y con su resurrección, nos ha revelado su rostro, el rostro de un Dios tan grande en el amor que nos ha dado una esperanza inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede resquebrajar, pues la vida de quien confía en este Padre se abre a la perspectiva de la felicidad eterna.

        El desarrollo de la ciencia moderna ha confinado cada vez más la fe y la esperanza a la esfera privada e individual de manera que aparece de forma evidente y en ocasiones dramática, que el hombre y el mundo tienen necesidad de Dios --¡del verdadero Dios!--, pues de lo contrario quedarían privados de esperanza. La ciencia sin duda contribuye al bien de la humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por el amor, que hace que la vida personal y social se convierta en buena y hermosa. Por este motivo la gran esperanza, la que es plena y definitiva, está garantizada por Dios, que en Jesús nos ha visitado y nos ha donado la vida, y en Él volverá al final de los tiempos. Es en Cristo que esperamos, ¡es Él a quien esperamos!

        Con María, su Madre, la Iglesia sale al encuentro del Esposo: lo hace con las obras de caridad, pues la esperanza, como la fe, se demuestra con el amor.

        Buen Adviento a todos.

De Fluvium

Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:08, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Segundo Domingo de Adviento. Rectitud de intención.

Día 9 II Domingo de Adviento


Fluvium

        Evangelio: Mt 3, 1-12 En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo:
         —Convertíos, porque está al llegar el Reino de los Cielos.
         Éste es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo:
         Voz del que clama en el desierto:
         «Preparad el camino del Señor,
         haced rectas sus sendas».
         Llevaba Juan una vestidura de pelo de camello con un ceñidor de cuero a la cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre.
         Entonces acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la comarca del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Al ver que venían a su bautismo muchos fariseos y saduceos, les dijo:
         —Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que va a venir? Dad, por tanto, un fruto digno de penitencia, y no os justifiquéis interiormente pensando: «Tenemos por padre a Abrahán». Porque os aseguro que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego.
         »Yo os bautizo con agua para la conversión, pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Él tiene en su mano el bieldo y limpiará su era, y recogerá su trigo en el granero; en cambio, quemará la paja con un fuego que no se apaga.

Rectitud de intención

 Vamos avanzando en el Adviento, y en este segundo domingo nos propone la Iglesia la enseñanza de Jesús a un grupo integrado en su mayor parte por fariseos y saduceos, que se tenían por cumplidores habituales de la ley, aunque según interpretaciones distintas. El Señor critica su conducta, que pareeía ya consolidada, y el reproche puede ser de actualidad y dirigido a un grupo como el que nosotros formamos. Nosotros también podríamos decir que ya somos cristianos, que ya rezamos, que cumplimos con lo prescrito... –tantas cosas más podríamos decir para justificarnos–, tratando de mostrar que, por nuestra condición, ya hacemos lo suficiente para ser considerados buenos.

         En este Adviento, tiempo de preparación personal porque viene Dios –en cierto sentido– más especialmente, procuramos examinar nuestra vida, no sea que necesite ser de algún modo corregida aunque tengamos habitualmente la impresión de ser buenos, de haber sido –de siempre– buenos cristianos. Esa impresión tenían los fariseos y los saduceos: que, por el hecho de ser los oficialmente cumplidores de la ley, pensaban que ya no debían preocuparse más. Su seguridad se apoyaba, como la de algunos hoy día, en pertenecer a una clase posiblemente heredada y, por tanto, sin mérito alguno de su parte o quizás con el exclusivo mérito de mantener unas prácticas religiosas bastante rutinarias.

         Os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrahán, les reprocha el Bautista. Les viene a decir que la condición inicial en la vida espiritual no nos basta, la tenemos por providencia de Dios y punto de partida para lo que se espera de cada uno, para lo que pide Dios de nosotros. Con razón, pues, castigará el Señor a los que sin razón se tranquilizan al pensar, satisfechos, en una bondad –la suya– heredada o vivida casi sólo por la fuerza de la costumbre.

         No queramos nosotros sentirnos satisfechos ningún día, como si ya hubiéramos cumplido con Dios o como si, por la educación cristiana recibida y pacíficamente asimilada, poco más debiéramos hacer y exigirnos, aparte de lo que ya vamos haciendo hoy, con poco esfuerzo por nuestra parte. Espera el Señor de cada uno amor, decisiones personales auténticas en su servicio, manifestadas, por tanto, en obras. Y que donde no llegaron nuestras obras, llegue el arrepentimiento con dolor, porque no supimos querer al Señor como Él espera. Deberá ser ése el momento de un renovado propósito, fruto de la contrición.

         Suavemente movidos por la Gracia y con la luz clara de estas palabras del Señor, podemos decidirnos a rectificar lo que sea necesario, para que la venida de Dios a los hombres en la próxima Navidad nos encuentre bien dispuestos. Acogeremos así con más provecho, gozosos, el tesoro de su misericordia y amor. Será entonces el momento de responder serena y sencillamente a los que nos pregunten, que el origen de la verdadera alegría –de la felicidad– no puede ser otro que una efectiva unión con Dios; que la fatiga y hasta el dolor, precio humano de esa unión, se tienen por bien pagados; y que es nuestro mismo Señor quien, en su misericordia, nos da las fuerzas para poder y superar la flaqueza que nos detiene.

         No olvidemos, en todo caso, las palabras amenazantes de Juan, aunque sea preferible actuar por razones positivas: el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Espera Nuestro Dios que le acojamos cargados de futos, habiendo hecho rendir, para Él, las buenas cualidades que nos ha otorgado. ¿Qué hago con mi tiempo, con mi imaginación, con mi esfuerzo? Puedo y debo ocuparlos en Dios, aun a costa de renunciar a ser personalmente el protagonista de la historia de mi vida. Necesito servir al desarrollo en mí del plan trazado por el Creador desde antes de la constitución del mundo, según la expresión de san Pablo.

         En este tiempo de Adviento, cuenta Dios con mi espera ilusionada, mientras me esmero en los detalles, quizá pequeños, con los que puedo mejorar para acogerle mejor. Cada esfuerzo en esa mejora será manifestación de amor, como el amor de María cuando disponía lo necesario antes del nacimiento de Jesús.

Por foro aragón liberal - 9 de Diciembre, 2007, 10:01, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

El Papa se prepara para la Navidad participando en la primera meditación del Adviento

El Papa se prepara para la Navidad participando en la primera meditación del Adviento

VATICANO, 07 Dic. 07 (ACI).-El Papa Benedicto XVI asistió hoy al primer sermón de Adviento dirigido, como es tradicional, por el P. Raniero Cantalamessa, O.F.M.Cap., predicador de la Casa Pontificia.

La primera meditación tuvo lugar, informa la Oficina de Información de la Santa Sede, esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater, en el Vaticano.

El tema de las meditaciones de este año está tomado del versículo de la Carta a los Hebreos (1,2): "Nos ha hablado por medio de su Hijo", informó la Sala Stampa. 

A los meditaciones están invitados cardenales, arzobispos, obispos y prelados de la Curia Romana, del Vicariato de Roma, así como los superiores generales de las Ordenes que forman parte de la Capilla Pontificia.

Los restantes sermones que preceden al tiempo de Navidad tendrán lugar los viernes 14 y 21 de diciembre.

Por foro aragón liberal - 8 de Diciembre, 2007, 15:51, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

La Navidad es nacimiento de Cristo y no afán de consumo, recuerda Arzobispo mexicano

La Navidad es nacimiento de Cristo y no afán de consumo, recuerda Arzobispo mexicano

MÉXICO D.F., 06 Dic. 07 ( ACI).-El Arzobispo de León, Mons. José Guadalupe Martín Rábago, recordó a los feligreses que la Navidad celebra el nacimiento de Jesús, por lo que les pidió no caer en el consumismo que se alienta en estos días, sino más bien vivir como es debido el Adviento para estar llenos de alegría y esperanza.

En su mensaje de Adviento, el Prelado también criticó a quienes aprovechan esta fecha "para difundir alguna noticia, novela o película con la finalidad de despertar dudas en lo relativo a las verdades de nuestra fe que celebramos en estas festividades".

Asimismo, advirtió que aquellos que niegan a Dios con palabras o actos, lo único que logran "es empantanarse en su soberbia y egoísmo destruyéndose a sí mismo, viviendo indiferente ante las necesidades de los demás, si no es que descargando sobre ellos su odio y su rencor, llegando a ser verdad aquello de que 'homo homini lupus' el hombre es un lobo para el hombre".

Por ello, alentó a los feligreses a recurrir constantemente a la oración para evitar que el corazón del hombre se pervierta o quede ciego por su egoísmo, porque contradictoriamente, mientras por un lado se proclama la dignidad de la persona, "al mismo tiempo atenta contra su vida que es el primero de sus derechos inalienables".

En ese sentido, exhortó a la comunidad entera a pronunciarse, "siempre y públicamente, a favor de la vida, y no se haga cómplice con su silencio, sin protestar y sin oponerse rotundamente por medios legítimos, cuando se pretenda legislar en contra de ella", con proyectos que quieren imponer el aborto o la eutanasia.

Adviento, reafirmó, es esforzarse juntos para que la fraternidad, la justicia, la solidaridad, el amor y la paz, no sean palabras bonitas, sino realidades para las familias.

Por foro aragón liberal - 8 de Diciembre, 2007, 15:50, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Corona de Adviento

Una preparación de la Navidad, una especie de industria humana, es la Corona de Adviento.

Lo más sencillo es una corona de hojas de abeto, con cuatro velas. Algunos encienden cada domingo de Adviento una, dos, tres y cuatro... además de algún día de especial celebración.

Es un recordatorio doméstico de la fiesta que está por venir. Él, Jesús Niño, es la Luz del mundo, al ver las velas encendidas recordamos al que ha de venir y saboreamos el ambiente de fiesta futuro. También podemos pensar que nuestra vida se debe consumir en el amor a Dios.

Es el Adviento una preparación alegre, pero preparación, purificación para que cuando llame a la puerta y entre, el Niño Jesús encuentre una posada bien preparada.

frid.

Una ayuda de catholic.net


Autor: . | Fuente: Catholic.net
La Corona de Adviento
La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad
 
La Corona de Adviento
La Corona de Adviento
La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad.

La palabra ADVIENTO es de origen latín y quiere decir VENIDA. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para la venida de Jesucristo. El tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.

Una costumbre significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo es La corona o guirnalda de Adviento, es el primer anuncio de Navidad.

Origen:

La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.

Nueva realidad:

Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.

La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela mas hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo mas importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

La corona de adviento encierra varios simbolismos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

En algunas parroquias o colegios se hace la bendición de las Coronas de Adviento. Si no sepuede asistir a estas celebraciones, se puede hacer la bendición en familia con la siguiente oración:

Señor Dios, bendice con tu poder
nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.


PROPONEMOS ESTE ESQUEMA SENCILLO PARA ORAR AL ENCENDER LA VELA DE ADVIENTO

PRIMER DOMINGO



LLAMADA A LA VIGILANCIA
ENTRADA.

Se entona algún canto.
Saludo.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Acto de Contrición.
Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.
Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

LITURGIA DE LA PALABRA. Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33: “Estén preparados y vigilando, ya que nos saben cual será el momento”. Palabra del Señor. (Breve pausa para meditar)
Reflexión.

Guía:
Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia, para darle sentido total y salvarnos.

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

Guía:
Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús!. ¡Ven, Señor Jesús!

PADRE NUESTRO
Guia:
Unidos en una sola voz digamos: Padre Nuestro...

CONCLUSION

Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvos. Amén.

SEGUNDO DOMINGO

ENTRADA.
Se entona algún canto. Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Acto de Contrición.
Guía:
Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.
Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

LITURGIA DE LA PALABRA.
Lectura de la II carta de San Pedro 3,13-14: ”Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz". Palabra de Dios.
Breve pausa para meditar

Reflexión
Guía:
¿Qué va a cambiar en mí, en nosotros en este Adviento? ¿ Se notará que creemos de veras en Cristo?

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

Guía:
Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne...

Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

PADRE NUESTRO.
Guía:
Unidos en una sola voz digamos: Padre nuestro...

CONCLUSION.
Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén.

TERCER DOMINGO

ENTRADA.
Se entona algún canto. Saludo.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo. Acto de Contrición.
Guía: Reconozcamos ante Dios que somos pecadores.
Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

LITURGIA DE LA PALABRA.

Lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses 5,23: ”Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor”. Palabra de Dios.
Breve pausa para meditar. Reflexión.

Guía:
Los hombres de hoy no verán en persona a Cristo en esta Navidad. Pero sí verán a la Iglesia, nos verán a nosotros. ¿Habrá más luz, más amor, más esperanza reflejada en nuestra vida para que puedan creer en El?

ENCENDIDO DE LA VELA. Oración.

Guía:
En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

PADRE NUESTRO.
Guía:
Unidos en una sola voz digamos: Padre nuestro...

CONCLUSION.
Guía:
Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvados. Amén

CUARTO DOMINGO

Todos hacen la señal de la cruz.
Guía: "Nuestro auxilio es en el nombre del Señor"
Todos: "Que hizo el cielo y la tierra"

Liturgia de la Palabra:
Primera lectura: Rm 13,13-14 "Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo". "Palabra de Dios"
Todos: "Te alabamos Señor".


Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7 "Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes." -"Palabra de Dios"
Todos: "Te alabamos Señor".
Guía: "Ven, Señor, y no tardes.
Todos: "Perdona los pecados de tu pueblo".

SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS
Guía:
"Bendigamos al Señor"
Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: "Demos gracias a Dios".

Humildad y gloria
El Nacimiento de Jesús

Guía: Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)
"Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron
los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,
le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento."
"Palabra de Dios"

Todos: "Te alabamos Señor".

MEDITACION

La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.

Tiempo de silencio / Tiempo de intercesión
Padre Nuestro / Ave María.

ORACIÓN FINAL

Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

Todos: "Amén"

Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 19:19, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

I Domingo de Adviento. Vigilad en paz.

Día 2 de diciembre



        Evangelio: Mt 24, 37-44 Lo mismo que en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues, como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada.
        »Por eso: velad, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. Sabed esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría ciertamente velando y no dejaría que se horadase su casa. Por tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.

De Fluvium

Vigilad en Paz:

    ¡Qué cierto es que la muerte nos puede sorprender! Aunque en muchas ocasiones no sucede así y hasta es posible que los médicos se aventuren a pronosticar cuánto tiempo de vida le queda a un enfermo y lo más frecuente en nuestros días es que la muerte sobrevenga a partir de una edad ya avanzada. A nadie le admira, sin embargo, la noticia del fallecimiento inesperado de personas jóvenes o de mediana edad, por accidente, por ejemplo, y también por enfermedad. Quizá sea ésta una de las manifestaciones más claras e innegables de que no somos señores de nuestra existencia. 

      Jesús parte de esta realidad, que es evidente para todos, y estimula a la vigilancia. Ese momento –el de la muerte– debe encontrarnos preparados, pues es para cada uno el momento de encuentro con el Señor como Juez de nuestros actos. No es la vida del hombre tan sólo una ocasión, más o menos larga y más o menos grata, de desarrollo de las propias capacidades. Ni se trata de un tiempo nuestro, de nuestra propiedad, como si a nadie debiéramos dar cuenta de su aprovechamiento. Las palabras de Jesús indican, por el contrario, que al terminar esta vida habremos de responder de ella y que ese momento se puede presentar de improviso.

        Velad, aconseja el Señor. Así hacemos cuando queremos asegurar la buena marcha de cualquier negocio. Lo hacemos todos para garantizar la eficacia de lo que nos traemos entre manos: en el trabajo, en la vida familiar y social, en la diversión...; sí, hasta en nuestros juegos. Nos interesa evaluar esfuerzos, tiempo empleado, gastos... Luego, a la vista del resultado obtenido, quizá advertimos que todo va bien o, por el contrario, que es preciso modificar de algún modo nuestra pauta. Y así hacernos, entonces, como consecuencia. Si actuamos de este modo en casi todas nuestras ocupaciones, aunque sean de poca importancia, con mayor razón haremos en las importantes y, sobre todo, en lo que se refiere al sentido y razón de ser de nuestra existencia. Querremos vivir permanentemente vigilantes, calibrando si nuestro quehacer contribuye al desarrollo de la vida en Dios a la que Él nos llama. Será preciso, pues –al igual que para lo menos importante, y como aconseja la experiencia–, dedicar algunos tiempos a ese examen vigilante.

        El interés por vivir la vida según Dios –la única que vale la pena para el hombre–, que descubrimos más y más en la oración, impulsa a un examen sobre la realidad sobrenatural de lo concreto de nuestra vida; y, más en particular, acerca de los medios que de hecho ponemos en práctica para que nuestras jornadas sean como Dios espera. Sabremos así lo que tendremos que rectificar con la ayuda del Señor, ya que sólo eso está al alcance de la voluntad humana; no propiamente la santidad misma que es efecto de la Gracia, obra del Espíritu Santo en nosotros. Dios no niega su auxilio a sus hijos: nos quiere santos y espera poder otorgarnos sus dones según vamos configurando la vida nuestra con su querer, que descubrimos en un diligente examen de conciencia.

        ¿Cómo ha sido mi trato con los que me rodean, cuánto recé por ellos? ¿Agradecí al Señor lo que soy, lo que me ha concedido por encima de otros seres? ¿Respondo a esos talentos: a mis condiciones humanas, a los medios materiales de que dispongo, a la ayuda que se me ofrece? ¿Soy conscientes de que son dones de Dios para que los haga fructificar? ¿Medito en oración sobre la realidad sobrenatural de mi vida, me considero ante todo hijo de Dios?

        Preguntas como estas deberían ser quizá habituales en nuestra conciencia, sobre todo si por sus respuestas no nos queda claro que procuramos vivir para Dios. Y mientras examinamos la conducta, tratando de descubrir en qué mejorar, convendrá no olvidar el apoyo suave y fuerte que Dios mismo, Nuestro Padre, nos ofrece para que sepamos concretar de día en día el amor con obras que espera de nosotros para hacernos santos. Porque no es la vigilancia que hoy consideramos tarea que deba ser impulsada por el miedo, ni a duras penas porque nos sentirmos sin las fuerzas necesarias. Nos resultaría ciertamente imposible si contásemos tan sólo con nuestras personales posibilidades, pero no olvidemos que la santidad se forma en los hijos de Dios por las Gracia, tan sencillamente como el fruto dulce, maduro en un sarmiento, cuando permanece unido a la vid. Con la misma naturalidad se siente el gozo en la virtud y la mayor intimidad con el Creador que es Padre.

        La obra de nuestra santificación, siendo natural, será empresa siempre ardua, pero proporcionada a nuestras fuerzas con la ayuda de Dios y, por eso, cosa ordinaria. Vigilemos, pues, para descubrir cómo contar más con el Señor a lo largo de la jornada, cómo vivir para Él cada uno de nuestros momentos. No debemos abandonar la actitud de niños e hijos muy queridos que el Señor tanto nos aconseja. Es precisamente comportándonos así como resulta fácil la santidad e imposible, en cambio, de otro modo.

        La Virgen Santísima, nuestra Madre, si procuramos tratarla asiduamente como hijos pequeños, nos facilita el camino de infancia hasta Nuestro Padre Dios, ayudándonos a concretar los pasos que cada jornada van conduciéndonos a la casa del Cielo.


Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 15:59, Categoría: Adviento
Enlace Permanente | Referencias (0)

Primer Domingo de Adviento. Preparación de la Navidad.

Como el Ave Fénix

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Sergio Córdova LC

Mateo 24, 37-44

Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. "Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.


Reflexión


Entre las múltiples leyendas de la mitología griega, nos ha sido transmitida la del ave Fénix. Después de haber sido sacrificada, esta águila real, por una especial concesión de los dioses, fue capaz de rehacerse desde sus propias cenizas y recibir el don de la inmortalidad. Desde entonces, esta ave Fénix es símbolo de esperanza y de resurrección a una vida nueva, a pesar de los fracasos más rotundos de la existencia humana.

Es curioso que los griegos hayan imaginado también esta leyenda, ya que su concepción de la vida era, más bien, un tanto trágica y pesimista. Sin embargo, gracias al cielo, nunca han faltado espíritus positivos en todas las culturas, ya que en el corazón del hombre anida un anhelo infinito de eternidad, y le es imposible vivir sin esperanza. Se asfixiaría.

Hace ya tiempo escuché en la predicación de un santo sacerdote esta sentencia: “a medida que avanzamos por la vida, tenemos mayor necesidad de vivir con más esperanza”. He de confesar que esas palabras me impresionaron, aunque tal vez no tenía por entonces muchas experiencias personales que ratificaran esa afirmación. A la vuelta de varios años –aunque todavía soy joven— me he dado cuenta de esta profunda verdad.

No hay ninguna persona en este mundo sin sufrimiento. Pero cuando uno, como sacerdote, puede acercarse al mundo de las almas y penetrar en el fondo de su corazón, se da cuenta de la inmensidad de los sufrimientos físicos, morales y espirituales que afligen hoy a tantos seres humanos. Y creo que nadie como el sacerdote está mejor dotado para comprender y compartir esos sufrimientos. Porque el sacerdote no es sólo una persona con un gran sentido de humanidad; Dios ha querido colocarlo como un puente entre Él y los hombres para llevarlos a Él. Por eso, es capaz de amar de un modo puro, generoso y desinteresado a sus semejantes, de sentir una profunda simpatía por ellos, de compadecerse de sus dolores, y tratar de tenderles una mano y ayudarles en sus necesidades espirituales. Yo no sé si ésta será la experiencia de todos. Yo hablo por mí mismo y de mi propia experiencia.

Hoy iniciamos el período del adviento. Y el adviento es, ante todo, un tiempo de espera y de esperanza. No es la misma cosa, aunque exista entre ellos un gran parentesco. Se puede esperar algo o a alguien, y no necesariamente tener la virtud de la esperanza cristiana. Ésta nace de una fe en Dios muy intensa, profunda y verdadera, que nos lleva a confiar ciegamente en su gracia, en su poder, y a esperar con certeza plena en el cumplimiento de todas sus promesas.

¿Cuáles promesas? Las que nos ha revelado en la Sagrada Escritura y a través de nuestra santa madre, la Iglesia. Es decir, aquellas verdades que confesamos en nuestra fe y que se hallan contenidas en el credo. Pero, además, todo aquello que nuestro Señor Jesucristo nos prometió en el santo Evangelio y en lo que Dios nos transmitió por boca de sus profetas.

Entre ellos, Isaías es el gran cantor de la esperanza, el profeta de la esperanza mesiánica por antonomasia. Y, aunque Isaías profetizó varios siglos antes de la llegada del Mesías, sus promesas son siempre actuales y perennes, pues llevan el sello de la eternidad de Dios.

Hoy la Iglesia nos ofrece estas maravillosas palabras: “En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia él confluirán todas las naciones. Acudirán pueblos numerosos, que dirán: ‘Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que Él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor’... Él será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra. ¡Venid, marchemos, caminemos a la luz del Señor!”.

Son palabras que se refieren a la llegada del Mesías. Pero, al mismo tiempo, promesas que están siempre en espera de un cumplimiento definitivo. Con el nacimiento de Jesús en Belén, Dios cumplió su promesa. Pero aún no hemos llegado a esa bendita edad de oro anunciada por el profeta. Es la paz que anhela profundamente nuestro corazón y por la que suspira todo nuestro ser. Es la paz que poseeremos plenamente en la vida futura, en donde “ya no habrá hambre, ni sed, ni caerá sobre ellos el sol ni calor alguno porque el Cordero, que está en medio del trono, los apacentará y los guiará hasta las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos” (Ap 7, 16-17).

A esa paz llegaremos al final de los tiempos, cuando Dios “cree unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se recuerde lo pasado...”. Entonces nos gozaremos en “un gozo y alegría eternas” ante lo que Dios va a crear para nosotros (Is 65, 17ss).

Pero, para llegar a esa paz y a esa dicha bienaventurada, tenemos que preparar ya desde ahora nuestro corazón y tratar de vivir con el corazón en el cielo. Y con los pies sobre la tierra. Nuestro Redentor está para llegar esta Navidad, y necesitamos preparar nuestra alma para su próxima venida.

Hemos de disponer nuestros corazones con la oración y la vigilancia –como nos recomienda hoy el Señor en el Evangelio— para poder vivir dignamente, en estado de gracia y en amistad con Él. Fue éste mismo el consejo que nos dejó antes de su Pasión: “Vigilad y orad para que no caigáis en tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es flaca” (Mt 26, 41).

Si vivimos así, nuestra esperanza no será un idealismo utópico, sino una actitud existencial realista y un comportamiento cristiano personal y exigente. Así podremos prepararnos dignamente para la doble venida del Señor: en el tiempo y en la eternidad.

Y entonces seremos mucho más que un ave Fénix. Seremos como ángeles y gozaremos de la compañía de Dios, dichosos y felices por los siglos de los siglos.



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Sergio Cordova LC

    Por foro aragón liberal - 2 de Diciembre, 2007, 10:30, Categoría: Adviento
    Enlace Permanente |