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El cortejo oriental

4.1.2008.

 


Por: Javier Peña Vazquez


Había terminado mi licenciatura y como otros muchos, deseaba encontrar trabajo. No era fácil si, además, uno había elegido escudriñar en el universo a través de sofisticados sistemas de prismas, imágenes electrónicas, complejos modelos matemáticos, etc. etc.

Aquella mañana retocaba por enésima vez mi "currículum", al tiempo que seguía las investigaciones requeridas para la preparación de la tesis doctoral. Estaba más animado que nunca porque había descubierto nuevos fenómenos, francamente llamativos, y quería aprovechar la buena racha.

Ahora, estaba dispuesto a coger cualquier cosa con tal de no sobrecargar más el presupuesto familiar, ya llegarían mejores oportunidades. Un pequeño anuncio y una frase, en concreto, me animó a llamar (trabajo inusual); tenía cita para las 11,30h. Me encontraba algo nervioso y me fui pronto. Allí esperaba gente muy variopinta, a la que paulatinamente iban llamando a ocupar el asiento que quedaba vacío delante de una de las tres mesas. Yo repasaba, mentalmente, una composición de lugar que me había preparado para no quedarme bloqueado y salir airoso de la entrevista.

Entre los que aguardaban, vi a una bonita pelirroja que se adornaba con una de esas sonrisas que resultan inolvidables, una chica con la que solo había intercambiado unas palabras en los pasillos de la Biblioteca Universitaria. También esperaba un moreno de tez muy oscura que debió terminar Derecho en el pasado curso. Fue suficiente para que, en seguida, nos agrupáramos buscando cierto respaldo y cobijo en lo conocido. Una forma de apaciguar nervios y amortiguar la impaciencia.

Entre las mil conjeturas que se barajan en estas ocasiones, solo había una clara y es que "nada se sabía". Al rato, habíamos descubierto que Raúl era zurdo por ciertas dificultades en la mano derecha, que yo carecía de visión en un ojo y que Eva era, aparentemente, perfecta. Por cierto, mi nombre es Félix. Se estaba acabando el primer trimestre y por ello, posiblemente, abundaban los estudiantes en aquella selección.

Al final de la tarde y cuando ya habían concluido las entrevistas, conocimos que se trataba de algún tipo de difusión cultural que había que preparar y realizar en equipos. Fuimos convocados para un mini cursillo el día 12 y, al contrario de mi parecer, Eva no estaba en aquella lista.

Durante días me olvidé del asunto: Aquel fenómeno que venía observando, en la parte este del cuadrante del firmamento que investigaba, me cautivó. Era como una estela de puntitos refulgentes que seguían a otro, para mi invisible. Por estas circunstancias lo bauticé como "el cortejo oriental". Pero, llegó el 12, y con mucho tiempo me fui al cursillo.

Nada más llegar y para mi sorpresa, la primera persona con la que me tropecé, era Eva. Ella fue como un suave y agradable perfume de bienvenida, una inyección de optimismo para entrar en lo desconocido. Después, supe que a algunos candidatos les habían pedido que pasaran por una segunda entrevista, para matizaciones del programa. Ocupamos diversas aulas y ninguno de los tres coincidimos. Atendimos a algunas charlas, hablamos en enfebrecidos coloquios, contestamos a formularios y redactamos planes de acción. Al concluir el día, no solo teníamos centrado el tema sobre el que debíamos trabajar, sino que estaban formados los equipos. No habíamos mostrado nuestras preferencias, pero mi equipo estaba compuesto por Eva, Raúl y yo. Eva como directora de programa y nosotros como agentes de campo.

Teníamos una semana para elaborar un documento en el que se reflejara el sentido de la Epifanía en las Escrituras y elaborar unos parámetros por los que apreciar la sensibilización de la familia sobre este acontecimiento, dentro de la Navidad. Después y durante dos días, lo discutiríamos con el resto de equipos, junto con otros dos planteamientos sobre el tema.

Concertamos encuentros con familias al completo y dedicamos un precioso tiempo a charlar con distintos miembros de la familia en su calidad de abuelos, padres, hijos y hermanos; ampliamos a los tíos, primos, etc. A medida que avanzábamos y ya estábamos en la última semana del año, teníamos la sensación de estar descubriendo una maravillosa constelación en la que cada astro tenía un lugar y como un encargo específico. Eran como el gran cortejo que caminaba y evolucionaba tras los Magos de Oriente.

Uno de aquellos días y mientras dábamos cuenta de un desayuno de trabajo, establecido entre nosotros, Eva nos refería, con gran cariño y delicadeza, los sentimientos que los abuelos habían puesto al contar lo que los Reyes Magos aportaban a sus vidas. Tal vez fuese un efecto de los años, pero estas personas recalcaban la manifestación de Dios a toda la humanidad como lo más significativo de la Epifanía. Su valor de apertura, puede que de liberación. Ellos fueron los primeros que abrieron los tesoros del Dios único a la gentilidad, porque los que no eran del pueblo elegido fueron invitados a recibir al Mesías, conectándole con todos los pueblos y razas de la tierra. Es curioso, pero los abuelos van mucho más allá de las primeras ilusiones que este acontecimiento despierta en sus nietos, porque, detrás de cada modesto presente hecho con cariño y orientado a la persona concreta, se abre un mundo de amor. Algo que se entrega con el presente, aquel quiero ser lo que te doy y no quien te lo da. Eva, con sus precisas observaciones, nos sorprendió y nos hizo qué pensar. Nosotros esperábamos que los abuelos hablaran de los juguetes, la ilusión de ese día e incluso de la Cabalgata de Reyes y ellos hablaban de amor, de entrega y de proyección hacia un fin, a través de las generaciones.

Raúl nos habló de los niños. Creo que él tiene un atractivo especial para los más pequeños que, primero, le rehuyen por su color y, después, no se quieren apartar de su lado; el hacerse como niños es innato en Raúl. Los chiquillos estaban demasiado impregnados del sentido consumista de esta "fiesta", comenzaban sacando "la gran lista de regalos" a cual más estrambótico y acorde con la publicidad televisada. Raúl les dejaba explayarse y, después, preguntaba sobre estos personajes y sobre el por qué de su visita a Jesús. Una vez entrados en materia, eran los que mejor sintonizaban con un misterio que requiere de la sencillez y de la franqueza de que hacen gala los más pequeños. Algunos querían saber el parentesco de esos personajes con Jesús, porque para ellos la familia es el entorno natural que explica y da sentido a todas las cosas, a todas las relaciones humanas. Para ellos, equivalían a sus abuelos y pensaban que podrían ser los del Niño. En cambio, captaban con mayor rapidez y claridad el sentido simbólico de aquellos presentes y de estos regalos de ahora. Posiblemente porque sus vidas son un constante descubrir lo que cada cosa representa o lo que queremos decir con ella. También, pudiera ser, porque desde que nacieron, todo les había llegado como un regalo.

En cuanto a los padres, esto era otra cosa. Ellos estaban demasiado metidos en los afanes de cada jornada y disponían de muy poco tiempo para ver con sosiego, de una forma bien meditada. Les importaba más la resolución de problemas que el prevenirlos, educar con fórmulas rápidas que conocer a fondo cada situación y pararse a conversar con cada hijo. No se planteaban la solución personal que en cada momento se requería. A mi me tocó analizar este capítulo y sopesarlo con mis compañeros. Es verdad que habíamos ido a indagar, más que a orientar (no había tiempo para ello), pero si se terciaba hacer una sugerencia tampoco había que lamentarse. Creo que estaban en la idea de que eran los principales responsables de la educación de su prole, por cierto, más bien escasa. Casi todos venían a decir que eran otros tiempos y que las madres ya no podían ser ese maravilloso respaldo del hogar, la eterna presente, en todas y cada una de las situaciones, como lo fueron las suyas y las abuelas. Al llegar a los Reyes Magos, tenían una vaga idea de que fueron personajes importantes (reyes, magos, astrólogos… o lo que fueran); que, fiados del significado de una estrella, habían sido los primeros en dar un testimonio solemne sobre aquel Niño.

Habíamos analizado, habíamos buceado en varias generaciones, sobre el contenido de esta celebración. Mucho más allá de lo que aparece en la epidermis de una sociedad aparentemente irreflexiva. Aprendimos mucho de cuanto hay en el interior de cada persona, aunque no aparezca en los papeles. Éramos muchos los equipos que habíamos estrujado bien el limón. Quedaba que nos manifestáramos nosotros.

Yo estaba que alucinaba porque, si bien había seguido con gran rigor todo el protocolo del trabajo que se nos encargó, no me había parado a considerar mi postura sobre el tema, máxime cuando me parecía algo inverosímil el desarrollo de los acontecimientos tal y como queda recogido en los textos consultados. De pequeño me cautivaba aquella estrella y me invitó a descubrir el significado de la astronomía, de la astrología o de los descubrimientos de la cosmología, etc. La verdad es que a "la estrella de Belén" la había puesto entre paréntesis, tras de iniciar mis estudios superiores y, precisamente ahora, reaparecía.

Por una parte, tenía delante de mí unos fenómenos que no sabía descifrar. Por otra, estaba recopilando información que poco me aclaraban sobre la identidad de la supuesta estrella. Los días pasaban y con lo animado que estábamos todos, descuidé el asunto. Hasta que nos tocó hablar a nosotros.

Los padres de familia habían dicho que los Magos reconocieron a Dios entre pañales, que lo aceptaban a pesar de la humildad y la asombrosa sencillez (habría que decir pobreza) de la que se cubría toda aquella escena. Lo de la estrella no parecía importarles demasiado, al contrario que a mí. Sin embargo, me callé y esperé a ver que decían mis compañeros.

Raúl nos introdujo en el tema, exponiéndonos su significado. Él nos vino a decir que la luz de la Navidad, de la Epifanía, es como un preámbulo de la manifestación del Señor. De ese largo recorrido, a través de una vida corriente y luminosa, la vida oculta, que posiblemente sea la revelación más silenciosa y clara para el hombre de todos los tiempos. Una vida sencilla y laboriosa, común a todo ser humano, que fue santificada por nuestro Dios en carne mortal. También dijo que Jesús nos tuvo presentes durante todo este tiempo, hasta su bautismo en el río Jordán y su auto revelación en las Bodas de Caná.

Eva nos decía que, desde su posición, había llegado a comprender que todos, los encuestados y los encuestadores, terminábamos formando una comitiva que poco a poco se había ido ordenando en torno al acontecimiento, como debió ocurrir con la que llegó a Belén. Nos dijo que, para ella, este cortejo fue el llamado a recibir y transmitir el mensaje porque, en definitiva, somos los destinatarios de la redención. Raúl opinó que los Magos, como harían después los Apóstoles, fueron los encargados de mostrar el camino y señalar al Niño; pero que, era el cortejo y cada persona en concreto, quien debía recibir los fruto de la salvación; llamados a ser santos.

Sobre mi cabeza planeaban otras ideas. La primera pregunta era, sin duda, saber ¿qué fue la estrella de Belén? Entre las hipótesis barajadas, están las que se aproximan al texto sagrado y las que nada tienen que ver con la descripción literaria que allí aparece. Algunos hablan de una estrella espontánea y de origen divino, otros de un OVNI, pero las hay algo más serias. Dentro de la astronomía se baraja que la estrella de Belén pudo ser un cometa muy luminoso que surcó los cielos de la época o una estrella que explotó como una colosal supernova. Sin embargo estas hipótesis se debilitan ante los hechos conocidos. Primero, no existe registro de ningún cometa luminoso en aquella época, además de que los antiguos consideraban a los cometas como signos de catástrofes. En segundo lugar, no existe ningún registro de una explosión de supernova para esa época, la cual habría sido registrada por las diversas civilizaciones del planeta, como ha ocurrido con portentos semejantes en otras fechas.

Si excluimos estas hipótesis, nos queda la que otros apuntan relativa a que es el leguaje empleado donde está la clave. Dicen que los textos evangélicos al referirse a la estrella de Belén utilizan la palabra latina "stella" que significa indistintamente estrella, grupo de estrellas, constelación o conjunción. Pudo ser, por tanto, una conjunción de estrellas o planetas. A partir de esta idea se imponía el uso del ordenador para hacer una localización entorno a 10 ó 12 años alrededor del supuesto comienzo de nuestra era.

No quería desmotivar a mis compañeros y seguí trabajando, antes de manifestarme. Ellos estaban entusiasmados. Yo, en cambio, preso por mis desviaciones profesionales; no podía olvidar esas hipótesis y quería llegar a alguna conclusión. Pregunté a unos colegas que me aconsejaron un programa de simulación astronómica. Creo que estuve inspirado y después de no se cuantas simulaciones apareció ante mis atónitos ojos una curiosa conjunción que tuvo lugar en el Cercano y Medio Oriente. El Sol, la Luna y cuatro planetas, los más brillantes del firmamento, se reunieron prácticamente en la constelación de Piscis. Allí encontramos al Sol y la Luna siendo escoltados por los planetas Júpiter, Saturno y Venus. Todos ellos en la constelación de Piscis. Mientras que en la vecindad se encuentra Mercurio en la frontera entre Piscis y Acuario. Allí estaba la "Estrella de Belén". Ahora pude continuar.

Las palabras venían a mi boca sin saber cómo o de dónde salían. Lo cierto es que comencé diciendo que un cortejo no tiene por qué ser extraordinario. Lo formamos nosotros cuando hay algo que perseguir o mejor alguien a quien seguir. Cuando tenemos el modelo, cuando caminamos con Jesús. Aquí recalqué: Él es el Salvador, el Mesías, el Señor.

Continué diciendo que la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos "magos" venidos de Oriente En estos "magos", representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para "rendir homenaje al rey de los Judíos" muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David al que será el rey de las naciones. Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento. La Epifanía manifiesta que "la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas y adquiere la dignidad israelita"

Por último, saqué un texto que acababa de seleccionar. Al comenzar el 2005, Juan Pablo II, nos había dicho: "Hemos contemplado en estos días el gran misterio del nacimiento de Jesús. En Él, Dios entró definitivamente en la historia para ofrecer la salvación a los hombres de todos los lugares y tiempos. Precisamente, la fiesta de la Epifanía nos recuerda esta universalidad de la salvación. El Hijo de Dios, nacido en Belén, es reconocido y adorado por los Magos venidos de Oriente, representantes cualificados de la humanidad entera. El alegre anuncio de la salvación se proyecta desde el inicio hacia todos los pueblos del mundo. Confiamos esta tarea misionera del pueblo cristiano a María, Madre de la Iglesia, bajo cuya protección ponemos el año que acaba de comenzar".

No se si fue mi felicidad de aquellos momentos, mi maravilloso estado de ánimo, o qué. Lo cierto es que, el día 6 de Enero, "el cortejo oriental" estaba en el centro de mi pantalla astral y aquellos puntos luminosos se habían como agrupado de tres en tres, sobre la vertical de la Tierra. Después, ya nunca los he vuelto a ver. En cambio, Eva, Raúl y yo mantuvimos nuestra amistad. Más tarde, sucedieron otras muchas cosas, pero esa es ya otra historia.

Javier Peña Vázquez

Por foro aragón liberal - 4 de Enero, 2008, 12:47, Categoría: General
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