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La familia, el mejor nido para la paz. Por Fernando Pascual
La relación que
existe entre familia y paz es profunda. Tan profunda que cada familia
puede convertirse en fuente de concordia mundial o en inicio de nuevas
tensiones en un planeta hambriento de justicia y de perdón.
El Papa
Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada mundial de la paz (2008),
habla precisamente de la familia humana como “comunidad de paz”. Vale
la pena considerar algunas ideas que ofrece este mensaje sumamente
actual.
La
familia, explica el Papa (n. 3), permite experimentar “algunos
elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y
hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el
servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños,
ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la
vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para
perdonarlo”.
Por eso,
lo mejor que puede hacer cualquier estado es proteger y promover la
institución de la familia. Al revés, un estado avanza hacia la
violencia y la injusticia cuando daña o incluso destruye el núcleo
fundamental, el “nido” (así llama el Papa a la familia) donde se
aprende a vivir para la paz (cf. nn. 3-5).
Benedicto
XVI enumera algunos de los peligros que van contra la paz al atentar
contra la familia: “todo lo que contribuye a debilitar la familia
fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o
indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable
de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera
responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo
para el camino de la paz” (n. 5).
La
familia merece, por lo tanto, ser tutelada, también en aspectos tan
importantes como la vivienda y la educación. Señala el Papa cómo cada
familia “tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido
reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para
los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos” (n. 5).
Después
de hablar de la familia a nivel global, en su relación con el ambiente
y con la vida económica, Benedicto XVI evidencia la importancia de
reconocer y aceptar la norma moral como camino hacia la paz en todos
los niveles. “Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se
ajustan a una norma común: esto es lo que impide el individualismo
egoísta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia
armoniosa y la laboriosidad orgánica” (n. 11). Este principio, que vale
para la familia, vale también para las sociedades y para la humanidad:
Para lograr la paz trabajar a favor de la familia
“¿Existen
normas jurídicas para las relaciones entre las Naciones que componen la
familia humana? Y si existen, ¿son eficaces? La respuesta es sí; las
normas existen, pero para lograr que sean verdaderamente eficaces es
preciso remontarse a la norma moral natural como base de la norma
jurídica, de lo contrario ésta queda a merced de consensos frágiles y
provisionales” (n. 12).
Las
partes finales de este mensaje constituyen una invitación apremiante a
trabajar por la paz en aquellas regiones de la tierra que sufren por
culpa de la violencia y de la guerra, así como a relanzar el desarme,
especialmente respecto de las armas nucleares.
A la
vez, el Papa recuerda los importantes aniversarios que jalonan el año
2008: 60 aniversario de la Declaración universal de los derechos
humanos (1948), 40 aniversario de la primera Jornada mundial por la paz
(1968), 25 aniversario de la Carta de los derechos de la familia (1983).
La paz
del mundo se construye desde la paz que nace de las familias. Todos
podemos poner algo de nuestra parte. Todos podemos acoger la invitación
que el Papa dirige “a todos los hombres y mujeres a que tomen una
conciencia más clara sobre la común pertenencia a la única familia
humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje
cada vez más esta convicción, de la cual depende la instauración de una
paz verdadera y duradera” (n. 15).