La familia quiere su sitio
Toda persona necesita un
algo de sitio, aunque no sea mucho, para poder estar - para poder ser
lo que es, en esencia y potencia - en la sociedad de la que forma parte
por derecho propio. A nadie se le puede privar de nacer; se hace
visible en la sociedad en el momento previsto y cualquiera que, de
alguna forma, pusiera algún obstáculo a ese nacimiento habría atentado
contra esa vida, le habría negado el sitio a que tiene derecho en la
sociedad.
Ese sitio lo tiene
reservado junto a sus padres, pues estos son los que llamaron a la vida
a ese nuevo componente de la sociedad. Ese sitio es el de la familia,
el de la suya por derecho natural y la sociedad no debe ignorar nunca
las necesidades, de todo tipo, que en esa familia se crean desde antes
incluso de la llegada de ese nuevo integrante de la misma y que, como
consecuencia inmediata, lo es de la sociedad. La familia da vida a la
sociedad.
Esa vida será tanto más
fructífera, en cantidad y calidad, cuanto mayor sea la atención -
también en cantidad como en calidad - que la sociedad dedique a la
familia. Ésta es la que, desde el mismo momento que inició su vida como
tal, afrontó con ilusión la misión de recibir sin cortapisa alguna a
nuevos seres, a sus hijos, e ir haciéndoles conocer, al tiempo de su
crecimiento, todo cuanto significa la grandeza de la libertad personal
y del amor en el servicio a la humanidad, libre de egoísmos, caprichos
personales o ensoñaciones vanas.
Que nadie impida o
dificulte esa misión que, por derecho natural, corresponde a la
familia. Ese es su sitio, su lugar de trabajo; de acción fundamental de
educación a esos nuevos seres que, a través de ella y por ella, se irán
integrando en la sociedad.
Que nadie se inmiscuya o
atente contra esa labor; que nadie suplante a la familia y ni tan
siquiera lo intente por medio de coacciones o acciones que, de alguna
forma, atenten contra esa gran labor de ejercicio de la libertad, por
parte de la familia, en la educación y formación de sus hijos y de ella
misma, pues cada día en esa misión fortalece la capacidad de entrega a
los demás.
Sería una acción de
tiranía la que se ejercería por quién abusara, en grado extraordinario,
de su poder, para quitar de su sitio en la sociedad a la familia; ese
sitio en el que sólo se pretende enseñar a amar a la gente y saber del
gozo de la entrega por amor a toda labor, pequeña o grande, la que sea,
la que se presente, porque en ello el ánimo se fortalece.
La familia quiere su
sitio y no otro. Quiere seguir ligando su vida a esa llamada especial
que invita a abrirse plenamente, sin reserva alguna, a la misión de
procurar sitio de amor a quienes, a través de ella, llaman a la vida.
La familia quiere su
sitio, el que la vida misma le adjudicó, para gozar plenamente de la
amorosa responsabilidad de entregar toda su vida a esos seres que en
ella nacieron. Pide, también, respeto y ese algo de amor que hay en
toda alma generosa.
Manuel de la Hera Pacheco.- 28.Diciembre.2007