En voz baja ante el nacimiento, por Jorge Enrique Mújica
Autor: Jorge Enrique Mújica, L.C. | Fuente: Catholic.net En voz baja ante el nacimiento
Con un delicado acento de reflexión en voz alta, el autor habla con el niño Dios en un diálogo con aplicaciones actuales.
En voz baja ante el nacimiento
Hasta
hoy, jamás ha dejado de conmoverme tu nacimiento, esa primera y única
transubstanciación de lo humano en lo divino, de lo divino en la más
conmovedora etapa de la vida de los hombres; en la más dependiente, en
la más indefensa. Y a medida que pasa el tiempo, menos deja de
impresionarme porque conforme voy creciendo, la percepción de tantos y
tantos detalles aumenta que no puedo menos que agradecerlo.
Pienso,
Jesús, que quisiste venir en la plenitud de los tiempos y que si fueron
plenos aquellos es porque antes no lo habían sido y que, las más de las
veces, a todo culmen, sucede un declive… Al echar la vista al panorama
que ofrece este mundo al que redimiste, casi entiendo, casi palpo que
mi tesis del descenso es real y fácilmente constatable. No, no creas
que me pongo pesimista, he aprendido que esa no es la actitud de los
hombres que creemos en ti; que en nosotros sólo cabe la esperanza muy a
pesar de los abatares, sufrimientos y dolores porque el que ama,
incluso viviendo en un espectáculo como el que vive el hombre de hoy,
proyecta salidas, plantea soluciones, siente tu mano acariciando y
motivando el impulso que tantas veces se esconde en nuestros quereres
íntimos para hacer algo en tu nombre por los otros.
Disculpa que
interrumpa tu sueño. Mantén los ojitos cerrados. Sé que como Dios
puedes estar dormido y a la vez atento a lo que te digo. Sabes, no
puedo evitar pensar en qué hubiese pasado si hubieses venido hoy: ya sé
que el “hubiese” no existe, sólo se da en la mente; pero cuánto ayuda
para valorar, para dar un justo puesto a los hechos.
No te vayas
a sentir mal, pero si hubieses elegido el momento presente, ya
encontrarías de antemano opositores a tu nacimiento. ¿Con qué
argumentaciones? Mira, no te espantes, pero hay quienes piensan que tú
anulas la libertad humana. Y es que no te ven como Creador y Padre
amoroso que elevas al hombre, sino como opresor antagonista de la
realización humana. Sé que es cuestión de enfocar bien las lentes y
ubicarse en rectos planos pero qué quieres que te diga.
Y viendo
las cosas así, con ojos que constatan el momento presente, cómo no
agradecerle a María. Ahí está. Fiel, perseverante, decidida, siempre a
tu lado. ¡Cómo te mira! ¡Con qué aire de pureza sonríe, con qué carga
de afecto vela tu sueño! ¡Mira que te está mirando! Mira que en Ti a
todos los hombres nos mira. ¿Qué pasará por la mente de tu mamá al ver
a tanta joven que aturdida por la confusión y el engaño del ambiente se
precipita por la vía errada del aborto cuando resulta embarazada?
Porque esto, si te hubieras encarnado hoy, también debías haberlo
considerado; no hubiese bastado encontrar quién te ofreciese su sí
total y libre que no confundiese tu elección de amor como una
imposición arbitraria, no; el segundo paso sería haber encontrado a
alguien que no se cohibiera ni declinase ante el miedo a afrontar, como
María lo hizo, un embarazo en circunstancias tan extraordinarias como
fue tu concepción… Sí Jesús, yo también tiemblo de sólo pensar que
pudiste haber sido abortado, pero no te lo tomes a pecho que son sólo
consideraciones.
¡Cuánta doctrina hay en María! Con razón la
llamamos “Sede de la Sabiduría”. ¿Por qué no habría sido justo llamarla
así cuando todos sus actos son enciclopédicas lecciones válidas para
todos los tiempos y en su seno te llevó a Ti, el omnisciente.
Sigue
durmiendo, niño divino. Duerme mientras el vaho del ganado sirve de
calefacción y en tanto llega José de la pequeña sinagoga de Belén. Ya
no tarda. Está por llegar. Fue a dar gracias por tenerte con él. No
quería ir, creía que ya no era necesario pero María le animó a seguir
la vida normal. Y es que verdaderamente se le nota el encanto. No
quiere dejar de acompañarte. Por su mente nunca pasó que iba a ser
padre a tan corta edad y, menos, que su hijo serías nada menos que Tú.
Qué joven tan responsable es José. Sinceramente le admiro. Sensato,
ecuánime, equilibrado, ponderado, reflexivo, maduro… No te creas que
todos los hombres somos como él. No.
Y ya que hablamos de tu
padre en la tierra, aquí hubiese surgido una dificultad más. Y es que
Tú, que podrías, como Dios que eres, elegir dónde nacer, te hubieras
salido de lo “políticamente correcto” de haberlo hecho en un hogar
tradicional donde la familia está constituida por un varón y una mujer
(hoy tradicional es sinónimo de retrógrado, anticuado, dogmático e
impositivo). No, eso hubiese sido discriminante y denotaría poca
apertura y tolerancia de tu parte a los nuevos “modelos” de
“matrimonio” y “familia”. Igual te hubiese tocado elegir dos mamás o
dos papás (y aquí otro problema más porque, aunque parezca paradójico,
ellas conservan el machismo y ellos el feminismo).
Jesús, apenas
si te cubren esas mantas raídas. A María apenas si le cubre el delgado
chal de lana… Hasta parece que no tienen frío. Yo sí tengo, pero cuando
los veo, cuando les contemplo se me olvida. Sabes, me recuerdas mucho a
los sin techo, a los pobres y desheredados del mundo… Comienzo a
entender… “Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al
desnudo”. No, no estoy llorando; bueno, sí, pero no creas que de
tristeza, más bien de alegría, al casi comprender del todo por qué te
hiciste uno de nosotros y en esas condiciones: para recordarnos que
pobres siempre los tendríamos con nosotros para que jamás las
condiciones de tu nacimiento se nos olvidaran; para aprender que en
ellos te podemos aliviar el frío, el hambre, la sed, la desnudez de una
“navidad” que se viene prolongando en tantos belenes del mundo todos
los días del año. “¡Alegría, alegría, lágrimas de alegría!”, como
escribió Pascal.
Jesús, si me vieran los ateos se burlarían de
mí; dirían que soy un estúpido al estar hablando con un muñeco que creo
te representa. ¡Qué más da! Se quedarían en lo somero, en la barrunta;
no entenderían. Yo te estoy viendo a Ti, a tu madre, tu Belén y hablo
contigo. Les veo y esto se llama oración de contemplación,
contemplación que sólo es capaz de hacer un corazón enamorado.
Si
ellos también entraran en sí mismos… No para confundir la interioridad
de modo panteísta, sino para dejarse interpelar por tu voz que es
invitación a la unión contigo, que es voz de amor, entonces otro gallo
cantaría: sus miradas trascenderían. Elevarían su vista al cielo y
dejarían de dirigirla al suelo.
Y ya que hablo del suelo, mirad
bien que en esta hipótesis del “hubiese” hasta el lugar donde nacieses
te hubiese costado elegir. Las Escrituras, de plano, las tendrías que
haber cambiado en caso de querer llegar a los 33 años: en Belén te
expondrías a morir en un atentado, en medio de las balas o de
impaciencia en alguno de los eternos retenes que hacen ahora los
judíos. ¿Ciudades europeas con buen nivel y esperanza de vida? Están
Ámsterdam y Bruselas pero ya nadie quiere ir al hospital porque no
tienen garantizada la salida. La eutanasia comienza a ser selectiva y
cómo no nos va a preocupar por esto. Sí, hay más ciudades, pero en unas
está muy elevado el índice de delincuencia que temo por el borrequito y
los mínimos ahorros de José; en otras la drogadicción de manera que me
apuraría tu juventud; en otras podrían cerrarles las puertas sólo
porque son inmigrantes que me apenaría se quedasen en el linde
fronterizo; en otras más tendrías que considerar el cambio de religión
y renunciar a traer un mensaje de amor al mundo ocultando,
necesariamente, tu identidad.
Perdón, ya te despertaste. Creo
que esta última consideración interrumpió tu sueño. ¿Pero qué haces?
¿Con qué ojos me miras? Yo también te miro y más divino me pareces. Tu
pequeñez, tu pobreza, tu dependencia, tu ocultamiento: todo es en Ti
maravillosamente atractivo y misterioso. Y casi empiezo a entender
porqué me miras así, qué quiere decir tu mirada: Tú naces
constantemente, eres un Dios en continuo advenimiento. Tú pudiste haber
nacido en el tiempo que más te placiese que por eso eres Dios.
Dificultades las ha habido siempre y tu nacimiento enseña que no por
encontrar obstáculos hay que darse por vencidos. Y es que contigo todo
se puede.
Hoy invitas a verte no sólo en un periodo del año
cuando los sentimientos, de modo especial, afloran en abundancia. Hay
que aprender a ver todos los días como una Navidad constante y en clave
consciente de que vendrás de nuevo. Es algo que se pasa desapercibido
cuando es un hecho cierto y fiable. Porque lo revelaste a tus
discípulos. Será tu parusía, vendrás de nuevo y, aunque no sabemos
cuándo, te vas a encontrar con todo este horizonte que rige la
contemporaneidad. Sí Jesús, debo, deben todos los hombres, aprender a
ver con los ojos de la fe para descubrir tus caminos, tu voz, tu mano.
No es tarea fácil. Hay que mantenerse atentos. Pero se puede y ahí
estará nuestro empeño, ahí estará nuestra recompensa, en el saber que
podemos esperarte con los ojos abierto, con optimismo, ilusión, amor y
esperanza o sumidos en el derrotero de quien no ha hecho la experiencia
de saberse amados por Ti.
Etiquetas: Jorge Enrique Mújica, Navidad
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Por foro aragón liberal - 23 de Diciembre, 2007, 12:47, Categoría: Cuentos
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